El gran desencanto de los jóvenes con la política tiene mucho que ver con la oferta. Les ofrecen casi siempre el mismo plato y se lo presentan con anuncios diferentes, pero al final, a todos se les quita el apetito, porque sustancialmente son la misma cosa.
Este domingo tendremos que definir nuestro voto entre dos ingenieros que postulan a ser Presidentes de la República. Los dos ya se han sentado en el Congreso como senadores, los dos provienen de familias tradicionales entrelazadas con la derecha y la izquierda, los dos tienen una edad similar, los dos gozan de buena situación económica y han sido educados y formados en familias con recursos. Sin ánimo de ofender a nadie, y sin querer refrendar la ambigua posición de Marco Enríquez Ominami, creo que tiene razón, o mejor dicho, interpreta a los que no están inscritos, cuando dice que ambos pertenecen al pasado. Ser del pasado es sencillamente no ser del futuro. En la primera elección presidencial, en 1989, la gente votó por el pasado cuando votó por Patricio Aylwin, un señor de edad, de corbata, serio y sobrio, que estaba en la política hacía más de 30 años y que en nada se parecía al alpinista Buchi, con melena y polera, que con sólo mirarlo representaba más futuro en su aspecto. Sin embargo, la gente aprobó al candidato que en ese momento le daba más confianza para gobernar Chile.
Algo parecido ocurrirá el domingo. La gente, nosotros en general, no tenemos más opción que esos dos nombres que vendrán en el voto. Esos dos políticos antiguos que terminarán haciendo un gobierno parecido, sin cambios en la economía, sin cambios en la educación y la salud, porque en cuatro años es muy poco lo que pueden lograr.
Con una constitución tan presidencialista que heredamos del gobierno militar, todas las iniciativas provienen del Ejecutivo. Si no tiene la mayoría en el Congreso, le será casi imposible gobernar. En ese sentido, Frei tiene el camino pavimentado y Piñera una cuesta de tierra, porque su minoría parlamentaria le significará no poder aprobar leyes que le permitan aplicar su proyecto de gobierno (caso del Presidente Jorge Alessandri Rodríguez). Desde otro punto de vista, Piñera significa el final de la Concertación que ha gobernado a su antojo por 20 años. Una alternancia siempre necesaria en las repúblicas democráticas.
El país lleva mucho tiempo con una gran estabilidad económica, también heredada del gobierno militar, que ha significado que la economía de libre mercado se ha sostenido en todos los gobiernos, incluyendo dos períodos socialistas. Para nosotros eso implica que se ha controlado la inflación, que ha existido un crecimiento sostenido, que el Estado ha tenido recursos para hacer grandes obras y promover importantes programas de protección social.
Sin embargo, nos han repetido hasta el cansancio que no da lo mismo quien nos gobierne, y nos han tratado de convencer que son tan, pero tan diferentes. El lunes, o en marzo, o el próximo año, seguiremos al mismo ritmo, sin grandes cambios, trabajando como todos los días, tratando de ser felices como todos los días, sin que el gobierno pueda influir radicalmente en nuestras existencias.
Para que la política nos cambie, tienen que hacer muchísimos cambios en la política.
Publico el: 16/01/2010 13:28
No da lo mismo, pero sus gobiernos serán muy parecidos







