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Publico el: 02/02/2010 15:13
Quillota y su historia en tinto y blanco

Por: Pedro Pablo Gac Becerra

Profesor de Historia

Magíster en Educación

Hay un libro fantástico que se titula: ”Historias de Chile en tinto y blanco” escrito por el ingeniero agrónomo y enólogo Rodrigo Alvarado Moore. Este destacado autor, especialista en el estudio de los orígenes del cultivo de la vid en nuestro país, desmitifica la relación establecida, casi mecánicamente, entre los pueblos indígenas y el consumo de vino.

En su investigación se establece con claridad que los habitantes prehispánicos de Chile no eran grandes bebedores de alcohol, de hecho, las únicas bebidas alcohólicas que consumían eran las chichas de maíz, el muday de los mapuches (también producido en base al maíz, pero mezclado con cereales o papas), la chicha de algarrobo (probablemente el licor que tomaban los habitantes de Quillota), la de maqui, llamada también trecu y, obviamente, una de las más famosas y singulares, la chicha de pehuén o chavid- pulco que bebían los pehuenches. Estas chichas de muy bajo grado alcohólico difícilmente pueden haber creado los seres patológicamente ebrios, que quizás el prejuicio, o una apreciación equivocada de los cronistas que acompañaban a los conquistadores españoles del siglo 16, creyeron ver en nuestros nativos.

La relación entre el vino y los pueblos indígenas y criollos es muy posterior, surge con el establecimiento de los primeros vitivinicultores, a partir de 1541 a 1546, y se masificaría de manera prodigiosa hasta inicios del siglo 19 cuando sólo en el valle del Aconcagua se contabilizaban 5000 viñedos. Sin embargo, lo que a mí me llamó la atención es la relación que hace el escritor sobre el efecto primero civilizador y luego colonizador de la vid, que por requerir cultivos casi durante todo el año, obliga a sus cultores a dejar de ser nómades y transformarse en gregarios, y como lógica consecuencia, verdadero catalizador para inducir la creación de nuevas ciudades, es decir el vino, como formador de la geografía urbana de nuestro país. Si se me permite un alcance, quizás en este punto, estuvo el afán del gobernador Luis Fernández de Córdoba que en 1526 quiso fundar Quillota, pero no pudo hacerlo porque se lo impidió el Rey de España Felipe IV.

Por último, no quisiera pasar por alto una descripción hecha por el padre y viajero Fray Diego de Ocaña que visitó nuestras tierras en el año 1600 y que recoge en su libro el escritor sobre Longotoma, La Ligua y Quillota: “Todos estos valles son fértiles de todos géneros de mantenimiento y un paraíso de frescura…”.

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