Indignación e impotencia, son las dos palabras que mejor definen el estado de ánimo que nos invade al ver turbas de saqueadores que desvalijan tiendas y supermercados y después en el colmo del desquicio incendian los locales comerciales poniendo en riesgo a la población que mira atónita estos desmanes. ¿Cuál es la causa de estos hechos? No es el hambre, como tratan de argumentar algunos, ni el desamparo como arguyen otros…, es simplemente la idea que se ha ido internalizando en algunos individuos, que en el afán de poseer cosas materiales, todo vale.
Esa idea que justifica cualquier accionar, se ha ido apoderando lentamente de las mentes de algunas personas de nuestra sociedad, que piensan que esta sociedad les debe todo y ellas no le deben nada. Que es obligación de los otros trabajar para mantenerlos a ellos y su afán consumista. Ellos tienen todo el derecho a recibir sin dar nada a cambio. La solidaridad con el vecino, el afán de ayudar y cooperar y otras acciones positivas del ser humano son desconocidas para este tipo de individuos. No creen que el esfuerzo personal sea la clave para alcanzar los bienes que esta sociedad pueda brindarles.
Ellos piensan que los que trabajamos somos los tontos y que ellos son los inteligentes que sin trabajo ni esfuerzo logran tener lo que quieren. Es hora de empezar a analizar y poner a nuestra sociedad bajo estudio de tal forma de descubrir qué estamos haciendo tan mal que estamos creando este tipo de individuos tan antisociales.
El individualismo excesivo y la exaltación de la riqueza y el bienestar material, como fin último de la existencia nos ha hecho creer que la posesión de bienes materiales es la clave para la felicidad, pero en situaciones como la presente volvemos a la realidad y nos damos cuenta que lo verdaderamente importante es la vida en si misma y la relación con nuestros parientes, vecinos y amigos debería ser nuestro tesoro más preciado. Lo material como viene se va. Lo verdaderamente valioso es lo que somos como personas. Nuestros conocimientos, nuestra preparación personal y nuestra fortaleza espiritual, deberían ser los pilares fundamentales en que basar nuestra vida. Basarla en otras premisas es edificar sobre arena. Todo lo demás es efímero y volátil, cuando perdemos todo lo material que poseemos nos enfrentamos con la dura realidad…
¿Quiénes somos o qué tenemos?
Nuestro futuro dependerá de la respuesta a esta pregunta.
Publico el: 05/03/2010 15:12
Saqueos y pillajes: ¿Síntomas de una sociedad enferma?







