Impresiona que la gran cantidad de chilenos esté un tanto “aterrorizado” con el terremoto que se dejó sentir con crudeza en la Séptima y Octava regiones. Al parecer, la memoria de muchos realmente no recuerda la gran cantidad de movimientos telúricos que han existido en Chile. Se reciben con miedo las imágenes o relatos que aparecen día tras día por la prensa nacional. Sorprenderán también los relatos que ha logrado reunir “El Observador”.
La mayoría de la gente del país tiende a olvidar todo lo que sucede cuando hay un terremoto, porque no se quiere recordar “lo malo” que es vivir todo ese momento. En la zona central, tuvieron que pasar 25 años para que muchos volvieran a contar lo que ocurrió en Santiago en 1985, el último gran sismo que revistió los suelos de la zona central. Tuvo que pasar prácticamente una generación completa –en la que me incluyo- sin sufrir otro accidente de la naturaleza, de esos que durante el siglo pasado se acumularon por más de veinte en todo el territorio nacional.
Es verdad, tenemos mala memoria. Pocos recuerdan los terremotos en el norte, el de Punitaqui en 1997 o el del año 2005 en Iquique. La sensibilidad de los chilenos nos hace olvidar lo que nos hace mal. Creo que es pésimo ejercicio, porque nos deja con pocas ganas de encontrar una solución certera, cuando el caos suele reinar por culpa del miedo.
Pero siempre hay luces de esperanza y, en este caso, ha radicado en jóvenes que tanto en Los Andes y San Felipe han sabido sobreponerse al temor y ayudar voluntariamente en cada campaña de ayuda a los damnificados del terremoto. El caso andino es impresionante, cientos de adolescentes que desde el domingo comenzaron a moverse en busca de ropa o alimentos para llevar hacia el sur. En la capital de la provincia que lleva “Aconcagua” en su nombre, la cosa ha sido más lenta: ayer ya se podía sentir el entusiasmo de aquellos que nunca habían vivido un terremoto.
Debemos ser menos temerosos, mirando con perseverancia todo lo que ocurre. Los medios no exponen todo lo malo para que a la gente le de miedo, sino para que se incentive la solidaridad y se tengan armas para ayudar. En la mayoría de las comunas de nuestro valle, la cosa no pasó a ser catastrófica.
Por lo mismo, se debe felicitar a todos aquellos que han puesto de su tiempo y colaboración de forma voluntaria. El llamado es a hacer más, se puede hacer más. Basta de quedarnos en nuestras casas con miedo, si podemos tener fuerzas para ayudar a quienes realmente lo necesitan. Sólo en momentos como podemos dejar de lado diferencias económicas, ideológicas y políticas. Aún se necesita de personas y el hecho de que hoy exista una iniciativa a nivel nacional, no significa que a nivel local las cosas se aminoren.
Sería provechoso en el futuro mantener latente que Chile es un país sísmico manteniendo en la memoria hechos como este, al igual como se recuerdan otros que marcan la Historia del país. También hay que recordar todas las formas de ayudar que se han desplegado luego de todo el daño, actividades por montón que se han dejando un espacio en la memoria y el corazón de todos.
Publico el: 05/03/2010 15:17
Basta del miedo; es hora de ayudar







