Hoy son los funerales de mi mamá.
Yo creo que las mamás y los papás no se mueren nunca, porque siempre se quedan viviendo en el corazón de cada uno de nosotros. Aquí, en el medio del pecho, o arriba, en la cabeza, cada uno se queda con el papá o la mamá que logró hacer, con los recuerdos y vivencias que fuimos capaces de guardar, con las imágenes que captó nuestra cámara cerebral, con valores, principios, recuerdos, frases, canciones y tantas cosas que nos permiten mantenerlos vivos. Por eso para cada hijo los papás son distintos, porque cada uno guardó de ellos algo diferente.
Tuve una mamá que vivió la vida con pasión. Por eso la historia que quiero contar es la historia de su pasión por la vida, de su pasión por el amor, de su pasión por ser feliz.
Se enamoró de mi papá a los 18 años. Le prohibieron que siguiera viéndolo porque ella como hija de emigrantes árabes no podía casarse con un chileno, sino debía hacerlo con uno de su misma ascendencia. Pero estaba decidida y su pasión era incontenible. Un domingo dijo que iba a misa de doce en la iglesia San Francisco y se fugó con él a Viña del Mar. No se separaron nunca más. Vivieron 70 años juntos en Quillota. Ella se transformó en la primera hija de emigrantes árabes que se casó en Chile con un chileno.
En enero de este año conoció a su tataranieto, que se lo trajeron de Estados Unidos para presentárselo, al que se suman 15 bisnietos, 21 nietos y 6 hijos. Una descendencia que ratifica la vida plena que llevó y de la cual se mostró contenta siempre.
Hasta hoy me pregunto de dónde saca una niña (menor de edad en esa época) tanta certeza como para irse con un hombre tres años mayor que ella, escapar de la casa, fundar una familia y amarlo por siete décadas, sin respiro, sin tregua. En medio de tanta crisis matrimonial, de tantas inseguridades en las relaciones de pareja, me tocó vivir este modelito de certezas en el amor, hecho con pasión y con tolerancia, con comprensión y con mucha alegría.
¿Será una lotería encontrar la felicidad en la vida de pareja?
¿O será una construcción hecha con esfuerzos, renuncias y compromisos?
La vieja inquietud se repite en cada historia que uno conoce de gente que se ama. Pareciera que es una mezcla de las dos situaciones: encontrarse con la persona indicada y dedicarle mucho tiempo a la relación, para vencer los obstáculos y alcanzar el premio mayor del amor.
Cada hijo, como señalaba, encuentra cosas distintas en su mamá, dependiendo de la relación lograda. En mi caso ella forma parte hasta de mi cara, porque me dejó los ojos, algunos rasgos árabes y una cuota importante de pasión para ver la vida. Pero también le debo la estabilidad que me dio para crecer en armonía y paz, la seguridad en mi mismo gracias a sus palabras de aliento, el sentido comercial y la alegría para vivir la vida.
Al igual que tantas personas, viví la experiencia de perder a la mamá, el ser más importante de nuestras vidas, el mejor de todos los modelos posibles. Pero nuestras mamás son invencibles, no las derrota ni la muerte, porque se quedan a vivir con nosotros, en nuestras acciones que nos enseñó, en los valores con que nos formó, en los afectos que nos prodigó, y especialmente, en esa protección vital que nos dio y que ahora queremos sentirla igual, aunque no ya no esté a nuestro lado.
Publico el: 20/04/2010 14:24
La historia de amor de mi mamá







