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Publico el: 28/05/2010 17:01
Quilacanta, el último príncipe inca de Quillota

Por: Pedro Pablo Gac Becerra

Profesor de Historia

Magíster en Educación

Cuando Pedro de Valdivia fundó Santiago en 1541, Quilacanta, gobernador inca de Quillota y máximo representante del imperio en nuestro país, debió abandonar la zona y refugiarse en Colina, donde los incas aún mantenían una débil autoridad política y militar. Comenzaba así el capítulo final de la dominación del imperio inca en el Valle de Chile.

Quilacanta, personaje trágico, casi olvidado por la historia, había transformado a nuestra ciudad, en 1536, en el centro administrativo de la principal provincia incaica o “huanami”, que comprendía un territorio que abarcaba desde el río Choapa al Maipo, en el corazón del Collasuyo (parte sur del imperio).

Quilacanta, consciente de la precariedad de su mando -aunque algunos cronistas afirman que contaba con una guardia personal de 400 soldados-, prefirió entablar buenas relaciones con los conquistadores, primero con Almagro y luego con Valdivia; pero cometió un error que le resultaría fatal. Cuando creyó que era el momento preciso, se unió a la rebelión indígena que intentó tomar por asalto la ciudad de Santiago, el 11 de septiembre de 1543.

Capturado preventivamente por los españoles, Quilacanta será utilizado como rehén junto a otros siete caciques promaucaes. Lo demás es historia conocida, en el momento de mayor tensión, Inés de Suárez decapitó por su propia mano a Quilacanta y al resto de los caciques tomados como rehenes, arrojando después sus cabezas a los atacantes. Éstos, viendo la brutalidad de Inés de Suárez, se acobardaron y abandonaron la lucha.

Gerónimo de Vivar, cronista de la época lo relató con las siguientes palabras: “Oyó estas voces doña Inés de Suárez, que estaba en la misma casa donde estaban presos y tomando una espada en las manos fue determinadamente hacia ellos y dijo a los dos hombres que los guardaban, llamados Francisco Rubio y Hernando de la Torre, que matasen luego a los caciques antes de que fuesen socorridos por los suyos.

Y diciéndole Hernando de la Torre, más cortado de terror que con bríos para cortar cabezas: -¿Señora de qué manera los tengo yo que matar? Respondió ella -¡De esta manera! y desenvainando la espada los mató a todos”. Así terminó la extraordinaria vida de Quilacanta el último príncipe Inca de Quillota y de Chile.

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