En los últimos años hemos publicado una gran cantidad de noticias que tienen un ingrediente peligroso, compuesto por una nueva forma de actuar de las personas. Un individualismo que ha ido carcomiendo el arraigado sentido de solidaridad con que fuimos formadas generaciones de chilenos.
Asaltos en que la gente mira, pordioseros que se mueren en la calle, hogares de ancianos abandonados, desprecio por los discapacitados, egoísmos de todos los colores y en todos los lugares.
Ese individualismo es el que ha roto antiguas y significativas redes sociales, pero también, es el que ha llenado de libertad individual a cada uno de los hombres y mujeres que habitan la ancha tierra.
La mejor manera de entender la llegada del individualismo es a través de determinadas situaciones nuevas, como por ejemplo, la existencia de la sopa para uno, que es casi lo contrario de una sopa, que se hace para toda la familia, en una olla grande para poder compartirla. La sopa para uno es la respuesta a la vida de seres humanos cada vez más solos. Son los mismos que se compran un departamento de un ambiente, es decir, un lugar donde apenas cabe el mismo, donde no entran más personas, ni hijos ni padres, y ni quizá pareja. En algunos, es posible que entre una mascota, de preferencia un perro chico que se acuesta cada noche a los pies de la cama.
La cantidad de hombres y mujeres que viven solos es alarmante. Para ellos las empresas constructoras han inventado los departamentos de un ambiente. Muchos de ellos se han separado, otros no se han casado. Y no se han casado porque son individualistas, que prefieren esperar a los 30 o 34 años, viviendo algunos en las casas de sus padres y la mayoría en pequeños espacios. Son los que si se casan no lo hacen por ninguna iglesia.
En gran medida, la crisis de la familia tiene su razón de ser en la búsqueda de la felicidad personal e individual de muchas personas, que después de estar casadas, se dan cuenta que no son felices y dejan a sus parejas y sus hijos. Antiguamente, las parejas se aguantaban décadas en beneficio de no desarmar la familia ni alterar la vida de sus hijos. Eso ha cambiado porque las personas, con esta nueva valoración de lo individual, no están dispuestas a esperar ni a sacrificar su tiempo, en beneficio de los demás.
También hoy día es dramático ver la forma en que han crecido los hogares de ancianos y de niños abandonados. Los abuelitos ya no caben en las casas, hay que enviarlos a un lugar donde no perturben al grupo de individuos que conforman una casa. Los hijos, que crecieron junto a sus padres, hoy en día aceptan con cierta facilidad, que los ancianos molestan en sus casas. Incluso, cuesta encontrar vacantes en los hogares...
Por otra parte, hay menos matrimonios, y por lo tanto, menos hijos. Antes las familias eran de cinco a ocho hijos, hoy día dos parece ser el máximo posible. Se trata de tener el menor compromiso, de no ser jugados por las causas importantes, de reducir la vida a pequeños gustos individuales.
La parte oscura del individualismo es la que contribuye a que seamos menos solidarios.
Publico el: 29/06/2010 15:35
Disminuye la solidaridad y aumenta el individualismo







