A todos nos pasan cosas muy distintas con el frío. Nadie puede decir que queda indiferente. El frío pasa a todas partes, cala profundo, no perdona.
El frío se parece a la conciencia, porque puede hacer pensar a las personas. Pasar frío es estar pobre, no tener calefacción, no tener protección. Pasar frío debe ser sentir rabia por los que pueden estar calentitos. Pasar frío es parecido a pasar hambre. También debe ser terrible pasar frío del corazón, sentirse sin abrigo del alma, de ese acurruco calefaccionador de dos cuerpos, que pone tan feliz nuestro espíritu, (los indios alacalufes dormían entre perros dentro de sus canoas para no tener frío).
Poder estar abrigado cuando llega el frío debiera ser un motivo de agradecimiento. Uno podría pensar que está protegido porque tiene una buena cama y una buena calefacción. El invierno es ese tiempo en que el sol no se la puede para entibiar el ambiente, para darnos ese cariño abrigador que es tener el sol en el cuerpo, como traspasándonos para instalarse adentro de nosotros y dejarnos sosegados.
Hay personas que se sienten más cómodas en el frío que en el calor, y viceversa. ¿Ese gusto lo definirá la temperatura del cuerpo? “Manos frías, amor de un día. Manos calientes, amor ardiente”.
El comercio aprovecha el frío para vender sus estufas, sus scaldasonnos y sus abrigos. Toda la ropa cambia y se pone más gruesa. El frío igual pasa y el frío resfría. Para los agricultores el frío quema sus siembras.
Algunos nos hacen recordar las películas de Vietnam, al encender sus grandes aspas para expulsar la niebla fría, que suenan como esos helicópteros que sacaban apurados a los soldados norteamericanos de la derrota asiática.
Para combatir al frío usamos el fuego y cuando ponemos el fuego al interior de las casas, nos encontramos con la belleza de las llamas, caprichosas y naranjas, cálidas y fugaces. Tratamos de darle a la casa calor de hogar, pero el verdadero calor no es el fuego, sino el ambiente de paz y amor que se pueda vivir en una casa. Eso calienta más los ambientes que todos los fuegos. Y si falta, el frío es insoportable, (los mapuches tienen fuego encendido todo el día al interior de sus rucas. En mapudungun fuego se dice truful).
Pero lo peor del frío es que nos hace sentirnos desprotegidos. En nuestra zona nos recuerda que tenemos cuatro estaciones bien marcadas, y que ahora estamos en la más helada, pintada de nieve, lluvia, neblinas y temporales.
Primero fue el otoño, que comenzó tiñendo todo de amarillo, café y rojo, para después quitarles las hojas a la mayoría de los árboles. Verlos desnudos en estos días de frío nos hace pensar que están trabajando por dentro, haciendo correr la savia apurada para poder despertar en la primavera, para asombrarnos nuevamente -rigurosamente como todos los años- con sus tan variados tonos del verde que trae paz y alegría. Pero como en todas las cosas de la vida, hay adelantados. Y ahí están los aromos que ya estallaron con sus pompones amarillos para decirnos que queda poco del invierno. Y los dedales de oro, parados a la orilla del camino para anunciar la primavera.
A veces, el frío hace escribir estas cosas. Brrrr.
Publico el: 15/07/2010 17:34
Frío, frío, como el agua del río







