En la comuna de La Cruz conviven dos almas, la de los antiguos habitantes crucinos vinculados a esta tierra por familia, historia e incluso nacimiento y la de los cientos de nuevos habitantes que desde hace algunos años han comenzado a instalarse en los nuevos condominios construidos en la comuna y que han motivado a quillotanos y caleranos a trasladarse junto a sus familias a esta pequeña comuna agrícola (el censo del próximo año nos dará una visión más exacta de su cantidad). Crucinos "viejos y nuevos" comparten el mismo territorio, pero sin duda se diferencian en la intensidad con la que se relacionan con él, lo más probable es que los nuevos ni siquiera hayan cambiado su lugar de votación y mantengan el antiguo.
El desafío de las autoridades locales es precisamente incentivar que este importante número de nuevos habitantes se incorporen en pleno como ciudadanos crucinos y que La Cruz deje de ser sólo el dormitorio y se transformen en su casa, que estos nuevos ciudadanos voten en la comuna, se incorporen en las distintas organizaciones sociales comunales, hagan deporte en la comuna, participen de las actividades culturales y de las fiestas religiosas que se desarrollan en sus diversas localidades.
Estos procesos urbanos no son nuevos ni únicos, uno puede encontrar ejemplos en el mundo y en Chile a lo largo de la historia y son provocadores de diversos fenómenos que bien conducidos y asimilados son beneficiosos para la comunidad tanto en lo económico como también por la transculturación, pero la pregunta que uno debe hacerse es ¿debemos dejar que este proceso siga siendo espontáneo? ¿O bien queremos dirigirlo y conducirlo de manera de asegurarse que sea positivo? Este debate no se ha realizado en la comuna y los instrumentos de planificación (que existen) no se están utilizando, el tiempo pasa y se requiere que las próximas autoridades crucinas tomen en serio este fenómeno poblacional, económico y social que se está desarrollando.