Ha terminado el período escolar, y con él los deberes y obligaciones propios de ese tiempo. El clima invita al descanso y esparcimiento, en un verano lleno de posibilidades: salidas nocturnas, fiestas de día, juntas en casas de amigos, tocatas, programas de televisión, etc., pero también de situaciones de riesgo como mayor exposición y oferta de drogas (legales e ilegales), por cuanto, la temática de los límites resulta ser todo un desafío durante el verano, ya que pareciera existir la idea de que durante este tiempo se levantan las reglas y normas previamente establecidas.
¿Dónde colocamos los límites en el adolescente?; la sola pregunta induce e invita al lector a pensar que en vacaciones se deben conservar los límites y responsabilidades (suponiendo que éstos existen) para evitar que el descanso se transforme en un problema de indisciplina. Al respecto debemos considerar que la existencia de reglas claras (rayado de la cancha) en los hijos: niñas/os y adolescentes, son absolutamente necesarias para tener hijos psicológicamente sanos; esto no significa rigidez, ni autoritarismo, estrategia poco afortunada sobretodo con adolescentes, sino, considerando las edades de los hijos, actividades y lugar donde se realizan, ajustar, negociar las condiciones (horarios, días de salidas, eventos) dentro de ciertos márgenes.
Con respecto a las responsabilidades debemos señalar que los niños/as y adolescentes requieren que se les asignen pequeñas tareas como: labores domésticas, cuidado de mascotas o hermanos menores, ir de compras, pago de cuentas etc. adaptadas a sus edades, para fomentar su sentido de autoeficacia (sentirse capaz de realizar con éxito una actividad), seguridad y autoestima.
Ser parte de una familia implica reconocer derechos y responsabilidades, que servirán de ensayo para su proceso posterior de participación en sociedad.
Al colocar límites también es importante destacar que al margen del estilo que adopten los padres: más dominante, permisivo o democrático, será de vital importancia el acuerdo mutuo y consistencia con respecto a éstos, más allá de las discrepancias naturales que puedan existir en cuanto a los procedimientos.
Por último, es relevante señalar que el sistema nervioso (cerebro) del adolescente es un órgano en formación y que aún no alcanza la madurez (biológica) propia del adulto, lo que repercute en términos emocionales en aspectos como: inestabilidad emocional e impulsividad, por cuanto, se requiere que los padres monitoreen y acompañen a sus hijos con amor y firmeza, manteniendo un equilibrio entre un sistema prohibitivo/castigador y uno de libertad total/dejar hacer.