Las vueltas de la vida hicieron que hace unos días tomara mis maletas y dejara la Provincia de Petorca para llegar a Marga Marga, específicamente a Villa Alemana, una comuna que aún me falta por conocer, pero que después de cumplir una semana recorriendo sus calles principales y algunos sectores, hoy me lleva a escribir mis primeras líneas sobre ella, con la humildad de quien llega a una casa ajena y se comporta correctamente esperando que el tiempo haga que fluya esa confianza, aunque eso no signifique que me quede callado y no hable cuando hayan situaciones que llamen mi atención.
Una de las primeras características de la "Ciudad de la Eterna Juventud" como es conocida, son los altos niveles de delincuencia y drogadicción. Existe una gran preocupación entre los vecinos por estos problemas, los que se han profundizado a medida que la comuna ha ido experimentado un desarrollo y crecimiento importante en los últimos años y que hoy la lleva a contar con cuatro planes cuadrantes, 136 carabineros y un trabajo mancomunado entre la sociedad civil y las policías, con el fin de ir combatiendo estos flagelos del mundo moderno.
También llaman la atención las situaciones precarias en que viven ciertos sectores de la comuna. Vecinos de Las Vegas y otras poblaciones de la parte norponiente hoy no cuentan con agua potable por alcantarillado -una realidad que pensé que dejaría atrás alejándome de Petorca- y se abastecen del vital elemento gracias a un camión aljibe del municipio que recorre periódicamente distintas poblaciones satisfaciendo esta necesidad tan básica para los seres humanos.
Pero no solamente me he dedicado a observar ese lado que no queremos ver de Villa Alemana, sino también hay aspectos dignos de destacar. Uno de ellos es la Plaza Belén, un hermoso espacio de recreación para las familias de esta ciudad que a cualquier hora del día uno puede ver disfrutando de este confortable lugar que está muy bien cuidado y que a su vez está rodeado por un impactante desarrollo comercial, otro rasgo que caracteriza a esta comuna.
Así he visto en estos días a la "Capital del Medio Ambiente" -como indica el eslogan de la municipalidad- una gran ciudad con realidades tanto crudas como confortables y que hoy me lleva a escribir mis primeras líneas sobre ella, con la humildad de quien llega a una casa ajena y se comporta correctamente esperando que el tiempo haga que fluya esa confianza, aunque eso no signifique que me quede callado y no hable cuando hayan situaciones que llamen mi atención.