EL Observador

12:07 hrs. Viernes 17 de febrero de 2012 Cristián Vila Riquelme

El estímulo indiscutible a la pequeña empresa

Cristián Vila Riquelme / Escritor y Doctor en Filosofía de La Sorbona

Que era de esperar que en un gobierno de empresarios el pez grande se come al chico, eso va de suyo. Que sería peor que con los anteriores gobiernos, no está del todo claro. El pez grande siempre se come al chico, más aún cuando el pez grande es sencillamente el Estado. No dar puntada sin hilo es eso: el Estado sienta sus posaderas sobre sus ciudadanos, sobre todo si estos no tienen el poder de sentar las suyas sobre quienes lo dirigen, y así vamos ganando a costa del ciudadano de a pie, a quien se lo embroman las grandes empresas, el Servicio de Impuestos Internos, los ministerios, los diputados, los senadores, la policía, los sistemas de salud y de jubilación y? la gran máquina del Estado, que viene a ser lo mismo. Pero todos se llenan la boca, desde el Presidente al último funcionario del Estado, con que hay que estimular las Pymes.

Sólo contaré algunas anécdotas, sin nombres ni apellidos: después de todo se cuenta el milagro, pero no el santo. Digamos que una persona X tuvo la idea de comprar un carro para vender papas fritas y completos, que tuvo que hacer todo el papeleo pertinente en esos casos, pagar los impuestos necesarios, gastar mañanas enteras en tonterías burocráticas, etcétera, pero todo eso con una demora que da gusto: 15 días para un simple certificado de zonificación, por ejemplo, 20 días para otro de factibilidad, 10 para uno de ubicación, y lo más importante, la calificación que da Dideco de la persona interesada para saber cuánto va a pagar en el Seremi de Salud, y que demoró de 15 a 20 días más. Constatemos que la persona de marras, sin tener ningún bien raíz ni ningún ingreso extraordinario, calificó sobre la media que baja o elimina la tarifa, sólo porque vive en una casa con una vista espectacular al mar. Casa por lo demás prestada por su dueño, porque cuando uno es dueño de algo uno hace lo que le rompe los cojones con eso, por si alguien no lo sabía. Pues bien, eso significó que el permiso del Seremi subía a $75.000 (sin contar los $70.000 del permiso provisorio que otorga la Municipalidad). Seguramente esta persona, rica y solvente, se dedica en el verano a vender papas fritas para no aburrirse.

Pero la guinda de esta torta repugnante es que luego de cumplir con todo, en la Seremi de Salud (aparte más de una u otra exigencia absurda) dijeron que en cosa de 10 días iría un inspector para aprobar el permiso. Todo bien, si no fuera porque si se ponían reparos serios, todo comenzaba de nuevo y se perdían los $75.000 que había que pagar antes de que el inspector de marras fuera a rechazar o aprobar el proyecto. ¡Y todavía tienen cara para cantar la canción nacional!

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