Cada vez es más frecuente la hipocresía en política

Publicado el at 08/01/2026
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Por Roberto Silva Bijit
Fundador Diario “El Observador”

Hay políticos muy hipócritas. Se hacen los lesos y aplauden cuando les conviene y pifian cuando no les conviene. Nada de tener principios valóricos o ideas rectoras para la vida, todo se va acomodando a medida que pasan los días y conforme a las circunstancias.

Gritan con pena y dolor que Estados Unidos invadió la soberanía de la República Bolivariana de Venezuela, pero se quedaron callados cuando Maduro y Diosdado enviaron a la República de Chile agentes secretos venezolanos, ingresaron clandestinamente al país, se vistieron de PDI, entraron al domicilio de Ronald Ojeda, lo secuestraron, lo asesinaron y les pidieron a unos amigos de una toma santiaguina que lo enterraran entre medio de unas casuchas. Después salieron clandestinamente del país. Si eso no es invasión de la soberanía, ¿qué es?

Callaron también cuando Maduro le dijo de todo y trapeó el suelo con el Presidente de la República de Chile, Gabriel Boric Font. Silencio también cuando Maduro (o inmaduro) expulsó a los representantes diplomáticos chilenos. Ni una palabra cuando se burlaron de nuestra policía para decirles que no entregarían los prontuarios de sus más destacados delincuentes operando en Chile.

Nuestro gobierno ha dejado que los venezolanos atropellen nuestra soberanía en diversas oportunidades y ahora reclama porque Trump extrajo al narcodictador y lo entregó a una corte de justicia.

Y lo peor de todo, se llenan la boca con la democracia y apenas se escuchó la protesta por el robo de las últimas elecciones en Venezuela, donde hay constancia que Maduro fue ampliamente derrotado.

Todo ese silencio es hipocresía.

Boric andaba con polera “matapacos”, indultó y premió a los más violentos del estallido delictual, y sin embargo, ahora lo vemos haciéndole gestos de afecto a los Carabineros o pidiéndole ayuda a los militares para controlar la frontera norte o para tratar de impedir mayores atentados en el sur. Ayer blanco, hoy negro, mañana rojo.

El doble estándar frente a Cuba fue el mismo doble estándar frente a Venezuela. Veían que ambos países estaban lejos de tener respeto siquiera por la democracia y dale con tratarlos como si fueran naciones donde se cultiva la democracia. Los países llamados “progresistas” dejaron a Venezuela abandonada a su suerte. Le permitieron que robara la elección, que cometieran más de 10 mil crímenes políticos y que mantenga en las cárceles a más de 18.000 presos políticos. Le permitieron que el dictador les dijera las peores tonterías a sus adversarios políticos y nadie le dijo nada para intentar contenerlo. Ahora que Maduro está preso se lamentan y hablan de soberanía, democracia, autodeterminación, Naciones Unidas (como si existieran) y elecciones libres, como si no las hubieran hecho y no hubieran servido para nada.

La hipocresía afecta gravemente a la política, porque los políticos viven de las conveniencias. Y esta enfermedad es de derecha, centro o izquierda.

La derecha se acomoda conforme sean los tiempos, igual que los casi inexistentes partidos del centro. Una DC desmoronada, perdida, que no le importó nada con tal de subirse a las listas electorales para tratar de asegurar algún parlamentario. Partidos ya sin ideología, como los radicales y otros grupúsculos que tratan de buscar nuevos amigos para subirse al carro del poder y obtener alguna prebenda, alguna ayuda o alguna peguita.

Los mismos políticos tendrán que hacer algo para recuperar un poco de prestigio. Los partidos debieran enseñar su ideología a los nuevos militantes, para que tengan razones para actuar y convicciones para tomar decisiones.

El cambio al sistema político es urgente para darle seriedad al Congreso y para darle una mejor gobernabilidad al país. Hoy tenemos 24 partidos, de los cuales 14 deberán desaparecer por tener menos del 5% de los votos. Todavía quedan 10 partidos, lo que es muchísimo.

Esperemos que de la danza de millones en que se mueven los políticos, puedan sacar una torrejita para darle a la juventud educación cívica y al resto de la población explicarles que podríamos tener unos mejores políticos, dispuestos a servir a la ciudadanía más que a sus pequeños intereses.