¿Cómo frenar el imparable desprestigio de la política?

Publicado el at 26/03/2026
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Por Roberto Silva Bijit
Fundador Diario “El Observador”

Con el cambio de gobierno hemos podido presenciar un espectáculo muy escandaloso en términos políticos, que nos hace pensar que el ya alicaído prestigio de la política va cayendo en picada libre.

Si son gobierno se defienden, si son oposición atacan. Cuando después de cuatro años cambian de posición, los que atacaban ahora se defienden y así sucesivamente, Bachelet, Piñera, Bachelet, Piñera, Boric, Kast.

Entre paréntesis, apenas cuatro personajes en 24 años, lo que demuestra la falta de verdaderos líderes que hay en Chile, o bien, que nadie quiere ensuciar su vida metiéndose en la actividad política.

Y eso sí que es grave. Que los mejores se queden en casa porque están abrumados por todo lo que ven de los políticos. Que los que han sido exitosos en su vida profesional se tengan que restar porque les da asco la política que se hace en Chile.

 ¿Habrá algo que hacer para recuperar esos talentos alejados? ¿Podremos hacer algo como sociedad civil para cambiar esas prácticas que hacen de la política algo tan sucio? ¿Debieran los políticos comenzar una campaña para revalorizar la función que ellos mismos cumplen en el Congreso y en Gobierno? ¿Debemos volver a las clases de Educación Cívica?

El nuevo gobierno lleva dos semanas desde que asumió, pero ya tiene una ola de manifestaciones en contra por los más diversos temas. Se le responsabiliza de las alzas de los combustibles como si nadie supiera de la guerra de Estados Unidos – Israel en contra de Irán, el mayor productor de petróleo del mundo. Cuando el gobierno dice que no tiene plata porque los que se acaban de ir le dejaron las arcas fiscales vacías, le responden que se trata de una diferencia en la manera de mirar los números.

Pero hay un hecho que marca mejor que ninguno la odiosidad y el doble estándar al que puede llegar un político.

La familia Kast llegó a dormir a La Moneda la noche del 11 de marzo. Al día siguiente la Primera Dama, la esposa del presidente, Pía Adriazola, en un gesto de cariño y como expresando su llegada al palacio, decidió ayudar a servir platos en la cocina y lo hizo -erróneamente- sin guantes, mascarilla y pelo cubierto.

Ese mismo día el diputado Manouchehri sacó el habla y dijo que la acusaría a la Contraloría y que era algo que no se podía tolerar, sin embargo, no dijo ni una sola palabra por la muerte de un gásfiter al interior de La Moneda, después de haber -inhumanamente- trabajado 27 horas seguidas. Su muerte se debió a un infarto al corazón por el grave exceso de trabajo al que fue sometido. Nunca hubo claridad del resultado del sumario ni de la ayuda a la familia. Y Manouchehri sigue callado sobre el tema.

Lo que queda claro es que las cosas son buenas si estás de este lado y son malas si estás del otro lado. Ese oportunismo típico de la mala política es lo que tiene cansados a los ciudadanos, a los que van a votar a la fuerza, porque sospechan que todos -de un lado y del otro- se están riendo de ellos y de sus necesidades.

La política debe ser más seria. Nuestra democracia necesita políticos honorables, objetivos, que siempre tengan a Chile por sobre sus partidos y sus mezquinas ideologías. Los partidos parten a Chile. Pero los que están afiliados a los partidos son un porcentaje mínimo de los votantes, que no superan ni el 3% de los inscritos.

Necesitamos política bien hecha. Política en grande. Política para todos los chilenos, donde el gobierno y la oposición, sean del color que sean, se puedan entender para que todos nos demos cuenta que están trabajando por Chile y no para ellos mismos.

Urge que los políticos trabajen para prestigiar a la política y no para seguir degradándola.