Falta de carabineros aumenta la crisis de seguridad que estamos soportando

Publicado el at 1:06 am
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Por Roberto Silva Bijit
Fundador Diario “El Observador”

El dato lo mantienen bajo siete llaves. Nadie quiere decir públicamente cuántos carabineros hay en Chile. El dato les puede servir a los delincuentes, que ahora están más informados y más organizados que antes.

Se dice que deberían ser 55 mil funcionarios, pero que hay 45 mil en total. Para ser exactos la cifra que dan es 45.550. Pero nadie está seguro si esos números son reales, podrían ser muchos menos todavía.

Carabineros mañana cumple un nuevo aniversario al servicio de todos los chilenos y debiéramos agradecer su presencia y la valentía de su gente en las calles, en los problemas y en los conflictos. Cada vez que a un ciudadano le pasa algo grave termina llamando a Carabineros.

Hay una estrecha relación entre la cantidad de carabineros y la seguridad nacional. Para hacernos una idea de las cantidades de personal que se necesitan, digamos que la cifra promedio internacional es de 280 policías por cada 100 mil habitantes. El mínimo recomendado por las Naciones Unidas es 180 policías por cada cien mil habitantes.

No podemos hacer un cálculo a nivel nacional porque desconfiamos de las cifras y no tenemos datos fidedignos. Sin embargo, tenemos un dato sobre la cantidad de carabineros en Quillota, con una información proveniente de una fuente reservada, pero confiable.

En Quillota habría 88 carabineros para 100 mil habitantes, una cifra muy por debajo de toda norma y que representa la crisis profunda de seguridad en la que vivimos. Un carabinero al cuidado de mil 136 habitantes.

Como no tenemos un dato firme del país, mostramos este dato de Quillota que puede ser tomado como una referencia de la situación nacional. La mitad de lo que recomienda como mínimo las Naciones Unidas.

Nos gustaría que Carabineros de Chile sea reconocida como institución garante de la seguridad de todos los chilenos, sin embargo, no es así. Han sufrido viles ataques por la defensa de la gente, han muerto defendiendo el orden y la paz del país, han dado un ejemplo de coraje frente a la pasividad de los políticos, el gobierno, los fiscales y la justicia en general.

En vez de respaldar su actuación con leyes claras y precisas para detener la avalancha de la delincuencia, han retardado o postergado una legislación que garantice y defienda sus actuaciones. Sus cuarteles son pobres, incómodos y sin la más mínima infraestructura. Sus prácticas de tiro son casi nulas. Sus sueldos no se condicen con lo que arriesgan cada día ni con los horarios que deben soportar.

Los delincuentes, especialmente los extranjeros y muy marcadamente los venezolanos, ya no tienen miedo de tirarles los autos encima o dispararles a quemarropa. Saben que Chile tiene una justicia blanda y que los policías no tienen leyes de respaldo.

Hay que hacer cambios profundos y tener voluntad política para brindarle seguridad ahora al país, para evitar caer en populistas que puedan querer vendernos la pomada ahora que la situación está tan crítica.

Crear una policía municipal para las faltas y dejar a Carabineros con los delitos. Darles muchas más atribuciones y preparación a los guardias privados, a los organismos de seguridad ciudadana de los municipios. Hay que hacer cambios ahora, antes que las cifras de homicidios, sicariatos, secuestros y asaltos colmen la vida nacional y los delincuentes se transformen en invencibles.

Ahora es el momento de los cambios. Las débiles urgencias para legislar y la falta de acuerdos en el Congreso, han terminado por postergar decisiones que nos afectan a cada uno de nosotros.

Necesitamos más carabineros, pero carabineros más respetados, más protegidos, más defendidos, más atendidos por el Estado. Es muy bonito que los políticos traten de decirnos que están trabajando por la igualdad, la justicia o la libertad, pero lo cierto es que ninguna de esas tres cosas sirve para nada sin seguridad.

Hay que entender y exigir que ahora es cuando necesitamos un proyecto nacional para garantizar la seguridad, sin la cual ninguno de los demás propósitos tendrá buenos frutos.

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