El joven, ex alumno del Colegio Valle de Aconcagua, recomienda hacer muchos ensayos como método de preparación para la prueba oficial.
QUILLOTA.- La mañana del 5 de enero, cuando miles de jóvenes chilenos ingresaron a consultar sus resultados de la PAES 2025, Matías Agüero Marcotti, de 18 años y egresado del Colegio Valle de Aconcagua, esperaba tranquilo junto a sus padres y su hermano menor. Desayunó sin prisa esos últimos minutos antes de confirmar lo que su intuición le anticipaba: 1.000 puntos en Competencia Matemática 1.
El logro no fue fruto de años de preparación, sino de una transformación decisiva a mediados de 2024, cuando un resultado decepcionante en los ensayos lo hizo reaccionar y redefinir sus prioridades. Su historia muestra que la excelencia no siempre nace de una vocación temprana, sino de un momento de lucidez que marca el cambio de rumbo.
Meses de dedicación intensa
Su preparación fue intensa, pero concentrada en un solo año. En cuarto medio organizó un plan de apoyo con profesores particulares para matemática y lenguaje, además del preuniversitario Pedro de Valdivia para ciencias. El punto de inflexión llegó en mayo, tras obtener solo 600 puntos en un ensayo, algo inesperado para un alumno de buen rendimiento. “Quedé asustado”, reconoce. Ese susto fue su motor: “Me tengo que poner las pilas”, se dijo, iniciando entonces un trabajo metódico y constante.
Los ensayos del preuniversitario, más exigentes que la prueba oficial, se transformaron en una ventaja. Cuando enfrentó la PAES real, las preguntas le parecieron manejables y pudo revisar su prueba varias veces, ganando una confianza poco común en una evaluación de esta magnitud.
Irá por Medicina
El día del examen, Matías se sorprendió por su propio temple. “Estaba bien relajado”, afirma, describiendo una calma derivada de meses de preparación enfocada. Salió del aula convencido de haber hecho lo necesario para cumplir su meta. Por eso, al revisar los resultados junto a su familia, el puntaje perfecto no fue una sorpresa, sino la confirmación de un proceso guiado por disciplina y enfoque.
“Me lo esperaba un poquito”, admite entre risas. Su felicidad fue compartida por su familia y su colegio, donde cursó toda su vida escolar, quienes celebraron la culminación de un esfuerzo concentrado pero efectivo.
Con el puntaje nacional asegurado, su meta es clara: estudiar Medicina en la Pontificia Universidad Católica de Chile o en la Universidad del Desarrollo, buscando una formación de excelencia en una carrera que lo apasiona.
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Su consejo para quienes comienzan el proceso es simple pero enfático: “Hacer muchos, muchos ensayos”, hasta dominar completamente el formato y los temas de la prueba, porque “siempre preguntan dentro del mismo estilo y materia”.
La historia de Matías Agüero demuestra que el talento sin esfuerzo es solo potencial, pero la determinación puede convertir la inseguridad en perfección, transformando un bajón académico en el punto de partida hacia el éxito.