En lo que fue todo un acontecimiento, en agosto de 1956 la Fábrica Cemento Melón decidió cambiar de ubicación del recinto, moviendo las pesadas estructuras por las calles de la comuna
La historia dice que el fútbol llegó a Chile y Sudamérica a través de los marineros ingleses que al desembarcar en los puertos, estiraban las piernas, jugando improvisadas “pichangas”. Poco a poco, a fines del siglo XIX, este deporte de “gringos” fue capturando la atención de los chilenos.
A La Calera, el fútbol llegó gracias al ferrocarril. Desde 1861 a través de las líneas férreas, el pueblo de La Calera comenzó a recibir a personas provenientes de todo el país, así como inmigrantes extranjeros. Primero como el nudo entre Santiago y Valparaíso y luego como el inicio de la red al norte, La Calera creció rápidamente.
Por eso no extraña que desde Coquimbo o Valparaíso, el fútbol llegara gracias a los ferroviarios que traían el juego de los marineros “gringos”. Con el paso de los años, las “pichangas” a un costado de la línea férrea o en sitios eriazos de la comuna, fueron más habituales.
Tan importante como el ferrocarril, fue la instalación de la fábrica Cemento Melón en 1908, fundamental para la popularización del fútbol en La Calera. Se formaron equipos internos y también una liga, e incluso se fundó el Club Deportivo Cemento Melón que tenía diversas disciplinas.
El fútbol ganó adeptos y surgieron canchas donde se jugaba con entusiasmo, como en la cancha “Enrique López Maquieira”, en las calles Carrera y Zenteno, frente al Juzgado; otras en Hijuelas y Nogales, pero la más importante sin duda, era la del Estadio Cemento Melón, que en ese entonces estaba en el actual ingreso a la planta industrial por calle Carrera, frente a la plaza.
Empastada y con tribunas para dos mil personas, el recinto –que estaba dentro de la fábrica- era un lujo para la comuna. Cuentan que poseía un cuidador que utilizaba ovejas y terneros que se “encargaban” de cortar el pasto. Incluso, tuvo un velódromo y en él se realizaban revistas de gimnasia que hacía que se repletaran sus tribunas.
Deportes Cemento Melón participó –con el nombre de Fosfatos Melón– en los años cuarenta en la División de Honor de Valparaíso (DIVHA), liga donde competían equipos importantes como Santiago Wanderers y Everton, cuando aún no existía la Segunda División en nuestro país y solo equipos de Santiago daban vida a los torneos de Primera División. El equipo cementero fue uno de los poderosos de la época y repletaban el estadio de la fábrica.

Cuando las tribunas se pasearon por las calles
Pero el recinto deportivo, además de encerrar muchas historias futbolísticas, es protagonista de uno de los sucesos que generaron expectación y emoción en La Calera hace ya siete décadas.
En 1956, al necesitar espacio para el acopio de materiales propios de la producción del cemento, se decidió cambiar la ubicación del Estadio Cemento Melón. Surgió la idea de trasladar sus tribunas de concreto. La tarea se encomendó al ingeniero Rodolfo Mateluna Bello, gerente de la empresa.
Los “cerebros” de esta verdadera obra de ingeniería para la época fueron Luis Ramírez, quien planeó la idea a Mateluna, y Luis Rodríguez y Julio Saavedra, capataces quienes comenzaron los trabajos que implicaban cortar las tribunas de hormigón –con esmeriles y martillos neumáticos- para luego con una grúa, levantarlas e instalarlas sobre plataformas construidas especialmente para el traslado, equipadas en su base con polines metálicos a modo de ruedas –de 2 y 5 metros-, los mismos que se ocupaban en las correas transportadoras de material en el proceso de producción de cemento.
El traslado desde la fábrica hasta donde se ubica actualmente el complejo deportivo de Cemento Melón (al final de la Población Cemento), demoró en total cerca de un mes, tiempo en que el hecho generó expectación. Niños y adultos salían desde sus casas a observar esta particular “minga”.
Esas llamativas plataformas en que se sostenían las enormes tribunas de cemento, eran tiradas por bulldozer de la época, verdaderos tractores, los que eran conducidos por Aniceto Espinoza y Emiliano Carvajal.
El traslado de las enormes estructuras –que incluía el apoyo de una cuadrilla de hombres que iban preocupados de cualquier inconveniente- se hizo primero saliendo por la corrida de los 300 en la Población Cemento hasta al fondo, para luego llegar a la actual ubicación. La cancha ya estaba construida y esperando la llegada de las tribunas.
Luego de un mes de trabajo durante agosto, se realizó la reinauguración del estadio un sábado 8 de septiembre de 1956, con actividades deportivas y musicales. Incluso el plantel de honor de Unión La Calera estuvo presente en tan importante ocasión.
Lo que está claro es que el traslado fue un espectáculo inolvidable para la comuna en la época, tan inolvidable que aún hoy 70 años después, muchos son los caleranos que lo recuerdan como un hito importantísimo en la historia de la ciudad y del deporte local.
