A los 104 años falleció antiguo hincha de San Luis

Publicado el at 31/07/2026
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A los 104 años falleció antiguo hincha de San Luis

Trabajó toda su vida en la agricultura y acompañó al club canario durante décadas.

QUILLOTA.- Para Raúl del Carmen Guerrero Díaz, San Luis nunca fue solamente un equipo de fútbol. Fue una compañía de toda la vida. Lo siguió desde las tribunas durante décadas, celebró los ascensos, sufrió las derrotas y convirtió la pasión por los colores amarillo y negro en una tradición que terminó compartiendo con hijos, nietos y bisnietos.

Esa historia, repetida en tantas familias quillotanas, llegó a su fin el martes con el fallecimiento, a los 104 años, de uno de los hinchas más antiguos del club.

Nacido el 5 de junio de 1922 en el sector de Santa Olivia, dedicó toda su vida al trabajo agrícola. Con el paso de los años se trasladó junto a su familia a la Villa Coopreval, donde vivió cerca de medio siglo. Junto a María Elisa Frez Varela formó una familia de seis hijos, 16 nietos y una extensa descendencia que hoy incluye 17 bisnietos y 4 tataranietos.

Su vínculo con el fútbol comenzó mucho antes de convertirse en hincha. De joven fue un activo futbolista y jugó en diferentes lugares. Sin embargo, una vez que dejó la actividad, encontró su lugar al otro lado de la cancha: en la galería, alentando al club que terminaría acompañándolo durante el resto de su vida.

A los 104 años falleció antiguo hincha de San Luis
Raúl del Carmen Guerrero Díaz murió el martes debido a complicaciones de salud propias de la edad.

Fue socio del cuadro canario y asistió al estadio durante décadas. Su familia recuerda que vivió intensamente las campañas más recordadas de San Luis y que siempre hablaba con admiración de Luis Bahamondes, a quien consideraba uno de los mejores jugadores que había vestido la camiseta amarilla.

También alcanzó a disfrutar el regreso del equipo a Primera División bajo la dirección técnica de Víctor Rivero, quien incluso lo visitó en su casa para entregarle una camiseta de regalo, gesto que la familia conserva como uno de sus recuerdos más especiales. 

Hasta cerca de los 98 años siguió asistiendo al Estadio Lucio Fariña Fernández acompañado por sus hijos. Más tarde, algunos problemas de salud propios de la edad limitaron su autonomía, aunque nunca dejaron de ponerle los partidos cuando jugaba el equipo de sus amores.

Quienes compartieron con él lo recuerdan como un hombre alegre, bromista y cariñoso, que disfrutaba de las reuniones familiares, los largos almuerzos de domingo y una casa siempre llena de hijos y nietos. Esa misma familia fue la que lo acompañó hasta el final. Antes de ser sepultado en el Parque Boco, el cortejo realizó un recorrido frente al Estadio Lucio Fariña Fernández, donde hicieron sonar las bocinas en un último homenaje al club que marcó su vida.