Por Roberto Silva Bijit
Fundador Diario “El Observador”
Estaba pensando que la única manera de hacerle entender a Chilquinta que ha tenido una mala gestión en el desastre es decírselo en chino, porque en español no han entendido mucho. Es una empresa cien por ciento china, por lo tanto, se los digo en chino.
El título de esta columna, traducido al español significa Chilquinta: la peor gestión, y se pronuncia “zui chá de guanli”.
Y esa no es solo mi opinión, es también la voz de la calle, la opinión de los vecinos organizados y de los municipios que quieren enfrentarla a través de juicios en los tribunales. También la Superintendencia de Servicios Eléctricos ha declarado que a lo largo de todo el país la peor atención a sus clientes en todo Chile ha estado en la Quinta Región, con Chilquinta en especial.
Lo que pasa es que las cuentas que pagamos en Chilquinta son muy altas, y además, tienen un recargo por mayor consumo en invierno, lo que no se entiende porque justamente en esos meses es cuando más calor se necesita en los hogares. Tantos días sin energía eléctrica hará pensar a muchas familias que podría ser mejor calefaccionarse a gas.
Entendemos que se trata de un fenómeno inusual, más violento en vientos y en volumen de agua caída que en muchos años anteriores, sin embargo, lo que se discute es la capacidad de reacción, la celeridad para devolver la energía, la respuesta a las autoridades, los informes por sectores, los anuncios de los trabajos que se están realizando en tiempo real. No fue para nada suficiente un comunicado anunciando 40.000 pesos como compensación por los daños.
Una casa helada, toda la familia con un frío que cala los huesos, pérdidas de lo que había en el refrigerador y daños en algunos equipos eléctricos, son parte del problema. Pero si pasa, como en verdad ocurrió, que no es un corte, sino la suspensión por un día, por dos días, por tres días, por cuatro días y hasta por cinco días, la situación es otra muy distinta y los problemas son todavía mucho mayores.
Es cierto también que Chilquinta hizo grandes esfuerzos, habría que ser ciego para no verlos, pero fueron completamente insuficientes y eso es lo grave de la situación. Dependemos demasiado de la energía eléctrica, y es justamente por eso que los proveedores de esta energía deben hacer también demasiados esfuerzos por mantener normalizados los servicios.
El resto de la evaluación del temporal tiene muchas variables. En general el gobierno se movió con rapidez. Bien los Delegados Presidenciales porque fueron la comunicación con el gobierno central. Fue curioso escuchar a gente pedir a gritos la presencia de los militares, cuando ya el río estaba desbordado, (ojo con la metáfora, la gente pide militares cuando el río se desborda, cuando la situación se sale de control).
El Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres emitió alertas por la crecida del río Aconcagua que llegaron a los celulares de miles de personas, un anuncio que fue muy bien recibido y valorado. Importante es que, si exigen evacuación, las familias tengan seguridad que habrá vigilancia sobre sus casas, para poder irse tranquilos.
Los municipios tuvieron un gran trabajo en la emergencia y se sintió su presencia en las distintas comunas de nuestra zona. Los bomberos una vez más se sacaron un 7, siempre listos y con esa voluntad de hierro para acudir en ayuda de quien lo necesite.
Carabineros merece un párrafo aparte, no solo ayudaron en las distintas emergencias, sino que también coordinaron voluntades, informaron y actuaron para poner orden cuando fueron requeridos. Gran labor.
Lo peor fueron las redes sociales con sus opinólogos irresponsables y con una cantidad abrumadora de falsos meteorólogos.
Conclusión: aunque nos avisen, nunca estamos completamente preparados para nuestros desastres naturales.
*Imagen de Redes Sociales.