El otro lado de las noticias

Publicado el at 24/09/2026
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Por Roberto Silva Bijit
Fundador Diario “El Observador”

Las noticias no paran, nunca descansan, unas tras otras se van imponiendo durante el día y nos llevan a seguirlas para publicar lo más cercano a la verdad, para tratar de investigar la forma y el cómo sucedió un determinado hecho.

Hemos vivido la trágica decisión de una niñita de Octavo Año Básico de La Calera, que decidió quitarse la vida, al parecer por persecuciones tipo bullying y que se atrevió a dejar una carta donde pide la ropa con la que quiere estar en el sepulcro y la forma como quiere ser sepultada. Es una pena que no haya podido ver la luz al final del túnel y es muy complejo comprender las razones por las que no tuvo diálogo antes de tomar la decisión. Pero los suicidas son así, se llevan todo a la tumba y sin proponérselo culpan con sus actos a muchas otras personas. No se trata de justificar un caso así con la llegada de la primavera, sino tratar de entender por qué no abrió las puertas de su corazón para contar el drama que ella estaba viviendo. Las familias lo dan todo por sus hijos, pero a veces la realidad es más compleja.

Otro suceso dramático es la muerte con cinco balazos de un muchacho de 15 años en una población de Quillota, de madrugada, a metros de su propia casa, ajusticiado por una cuenta pendiente con los narcos. Su mamá dijo no saber nada, lo cual no convenció, aunque se explica por el tamaño de la pena y la fuerza del dolor que sufrió. Ya estamos acostumbrados al temor de las personas para denunciar a los agresores. Prefieren callar, es más seguro, sobre todo en un país como el nuestro que tiene a 22 alcaldes de la región Metropolitana con custodia policial por amenazas de muerte de parte de las bandas criminales.

Uno de los que amenazó a una alcaldesa de muerte fue “El Poroto”, un tipo de 48 años, que el lunes fue asesinado a balazos por problemas entre narcos. Cayó en su ley, pero con su muerte quedaron una serie de huellas que deben ser analizadas.

Dirigía una peligrosísima banda de narcos y no tenía antecedentes. Había pasado por tribunales, pero nunca con una condena. Le hicieron allanamientos pero, o no estaba o no le encontraban nada. Alguien le avisaba. Se las arregló para pasar sin ser fichado, pagando con toda seguridad todo tipo de sobornos. Para la policía era un misterio que no tuviera antecedentes. No encontraban ni siquiera una foto. ¿Dónde encontraron una foto? En un club de fútbol amateur donde él era un “gran colaborador”. De ese modo queda claro que hay muchos narcos que ingresan a estas instituciones deportivas para “ayudar”, para que los consideren y una vez adentro comienzan a reclutar jóvenes como soldaditos y ofrecer reparto de drogas a los que están más necesitados de dinero. En todo caso, la inteligencia policial no pudo con “El Poroto”. Fueron los mismos narcos los que lo mataron, haciendo -como ya es repetido- justicia por sus propias manos. Cobran deudas a balazos y eliminan competidores de reparto de droga en los barrios.

Finalmente, un tema idiotizante: la polarización de Chile que promueven los políticos de ambos bandos. Lo que antes era bueno ahora es malo, lo que antes era blanco, ahora es negro. No se trata de que hayan cambiado de parecer, solo se debe a que están en el gobierno o están fuera del gobierno. Todo lo que dice el adversario no solo es mentira, sino que tiene un fondo de maldad. El adversario político se transforma en un enemigo y entonces ya no vale la pena conversar, ni mucho menos llegar a acuerdos. Al enemigo hay que destruirlo.

Y con esos criterios Chile comienza una polarización que puede terminar en dos bandos irreconciliables, que no se hablan y no se entienden. Con redes sociales que vomitan odio, con instituciones como el Congreso, la policía, los tribunales y la iglesia que han perdido su espacio mediador en la sociedad chilena. Con políticos que la gente mira con asombro y con pena, incapaces de darle al país la gobernabilidad que corresponde a un buen sistema democrático.