Por Roberto Silva Bijit
Fundador Diario “El Observador”
La expresidenta Bachelet dijo que no se quedaría en su casa haciendo cazuelas y que estaba disponible para un tercer período presidencial. ¿Qué tiene en contra de las cazuelas? ¿Por qué las mira en menos si son de lo mejor que ha producido el recetario nacional?
A veces, tal vez por nerviosismo, la gente se expresa mal de nuestras tradiciones. Ojalá ella haga cazuelas y que le queden sabrosas. Aliñar una cazuela es el gran secreto de ese plato y ahí se sabe si una persona es “aliñada” para enfrentar la vida.
Un diputado de derecha le dijo a Michelle Bachelet que mejor se quedara en casa tejiendo. ¿Qué le sacan a que una persona -hombre o mujer- pueda tejer una bufanda o un chalequito abrigador? Con tanta facilidad pretenden reducir la importancia de dos asuntos importantes, como es hacer una cazuela o tejer con la buena lana que tenemos en nuestro país.
Pero el asunto es otro. La señora Michelle hizo un anuncio que descompensó a mucha gente. Dice que está disponible para otra candidatura y lo dijo también respondiendo una pregunta de nuestro folclore, ya que la académica que la entrevistaba le preguntó: “¿No hay segunda sin tercera?”, aludiendo a las tres patitas con que se baila la cueca nacional.
Ella dijo que sí, que le gustaría más.
Parece que fuera un chiste, pero es verdad. Ella está disponible y toda la izquierda la alaba, la encuentra fantástica, la felicita, le dice que puede aglutinar al sector, encuentra que todo está bien con sus palabras.
Pero la verdad es que es dramático. Bachelet – Piñera – Bachelet – Piñera. Así nos pasamos 16 años de nuestra historia, entre dos personas que tenían un ego tremendo y que se sentían salvadores del país. Está bien un período, pero DOS es mucho. Hay que darle tiraje a la chimenea.
Además tenemos un péndulo que nos lleva de la izquierda a la derecha y de la derecha a la izquierda. Tenemos poca imaginación. Chiste repetido, chiste podrido. Que exista ese cambio de un lado al otro es porque la población no queda conforme con ninguno de esos gobiernos y se cambia para el otro extremo.
Bachelet fue presidenta 2006 – 2010 y 2014 – 2018. Ella terminó con la Concertación. Ricardo Lagos no había aceptado que el Partido Comunista ingresara a la vida democrática, sin embargo, ella incorporó a los comunistas y Chile cambió. También hizo entrar casi a la fuerza a 120.000 haitianos a Chile, lo que, por supuesto, no fue una buena idea. Estuvo de acuerdo con la Constitución que rechazó el 62% de los chilenos. Hizo cambios en la economía y en el orden político del país, comenzando con una polarización que no se ha detenido y que pone en riesgo la gobernabilidad de Chile.
Parece que la derrota en la ONU le creó algunos problemas de autoestima y decidió anunciar su postulación sin importarle nada ni nadie. Lo hizo sorpresivamente, cuando ella es muy cautelosa. ¿Qué la llevó a dar el sí? Son muchos factores, pero sin duda que se trata de una acción sin mucho destino. Hay mucha gente más joven (a fines del mes pasado cumplió 75 años, edad de retiro) que la mira con preocupación porque ella se les transformará en un peligro electoral.
En todo caso, esta vez lo pasará mal, porque en este Chile tan dividido, los odios son más profundos y ya ha comenzado una campaña por dar a conocer situaciones de su vida, de sus comienzos políticos como extremista, de sus complejas decisiones como gobernante y un sinfín de temas que deberá enfrentar ante una opinión pública que no entiende bien qué hace la primera mujer de Chile en ser Presidenta de la República, tratando de buscar un tercer tiempo en La Moneda.
Además, con los 19 millones mensuales que se le pagan con los impuestos de todos los chilenos, debería estar cumpliendo un papel no de política partidista y sectaria, sino de aportar con altura de miras, con más ojos de estadista y promoviendo los acuerdos y la unidad nacional.