El hecho ocurrió en el Liceo Manuel Marín Fritis y activó protocolos de seguridad, con intervención de Carabineros.
Este lunes, la jornada escolar en el Liceo Manuel Marín Fritis de Putaendo no alcanzó a desarrollarse con normalidad. Un hecho grave —de esos que hace algunos años parecían lejanos— obligó a activar protocolos de seguridad y encendió nuevamente las alertas en torno a la seguridad dentro de las comunidades educativas.
Según informó el Servicio Local de Educación Pública Aconcagua, un estudiante manifestó la intención de agredir a otro alumno portando un arma blanca, situación que fue detectada a tiempo por el establecimiento.
La reacción fue inmediata. La dirección del liceo activó los protocolos de resguardo, contuvo la situación y dio aviso a Carabineros, evitando que el incidente escalara a mayores consecuencias.
Desde la policía uniformada confirmaron a El Observador que el procedimiento se originó porque el propio establecimiento mantenía retenido a un menor de edad por portar un arma blanca. “Carabineros fue requerido desde un establecimiento educacional (…) y la totalidad de los antecedentes fueron puestos en conocimiento del Ministerio Público y del Juzgado de Familia”, señalaron.
En paralelo, el equipo de Convivencia Educativa del SLEP Aconcagua se trasladó hasta el recinto para acompañar al equipo docente y orientar el manejo de la situación, mientras que desde el establecimiento se aplicaron las medidas disciplinarias correspondientes.
Asimismo, el alcalde de Putaendo, Mauricio Quiroz, consultado por este medio, fue cauto: “La información que dispongo es aquella que emanó de la directora del establecimiento educacional en donde sucedieron los hechos”, indicó, marcando distancia frente a mayores interpretaciones.

Pero más allá del caso puntual, el episodio no ocurre en el vacío. Se instala en un contexto particularmente sensible. Hace solo días, un violento ataque en un establecimiento educacional de Calama terminó con la muerte de una inspectora, tras ser agredida con un arma blanca por un estudiante, un hecho que impactó al país y abrió un debate urgente sobre los límites, la prevención y la convivencia escolar.
En ese escenario, lo ocurrido en Putaendo —aunque contenido a tiempo— vuelve a poner sobre la mesa una inquietud creciente, la irrupción de la violencia dentro de espacios que, por definición, debieran ser seguros.
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