“Escuchar esa alarma es aterrador”: la guerra desde un balcón quillotano en Qatar

Publicado el at 03/03/2026
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Pamela Arredondo, nacida y criada en Quillota, relata cómo su rutina cambió de un día para otro con alarmas en el celular, explosiones en el cielo y el espacio aéreo cerrado, justo cuando su hija llegó con su bebé de seis meses.

Desde el balcón de su departamento en Doha, Qatar, Pamela Arredondo Betta ha visto algo que jamás imaginó presenciar cuando dejó Quillota hace casi diez años: misiles cruzando el cielo.

“Los primeros días los veíamos claramente… veíamos y escuchábamos la explosión también”, relatando una imagen que no es metafórica, sino literal, con destellos nocturnos y el estruendo que hace vibrar las ventanas.

Pamela, nacida y criada en la Población de Empleados Particulares de Quillota, construyó su vida entre aviones. Fue tripulante de cabina en Lan Chile y luego trabajó en la FACH, incluso en el avión presidencial. Su esposo, el también quillotano Felipe Mosella León, fue piloto de combate antes de pasar a la aviación comercial. Fue una oportunidad de trabajar en Qatar Airways la que los trajo al Golfo Pérsico.

“Investigamos mucho antes de venir, no sabíamos ni dónde quedaba Qatar”, recuerda. La aventura se convirtió en hogar. Hoy solo vive con ellos el menor de sus hijos, José Tomás, de 13 años. Los mayores están en Chile y Holanda.

Pero la guerra golpeó en el momento más íntimo. “El día antes que comenzara el conflicto llegó mi hija mayor, Javiera, con mi nieto Piero, de seis meses”. La escena familiar cambió en horas: alarmas en el teléfono avisando de misiles en camino, clases online para los niños y teletrabajo para muchos adultos.

Qatar no es un actor directo del conflicto, pero alberga la base aérea Al Udeid Air Base, considerada la mayor instalación militar estadounidense en Medio Oriente. Está a unos 35 o 40 kilómetros de la ciudad. “Sabíamos que si había un ataque, el objetivo sería la base. Entendíamos que la población no era el blanco”, explica Pamela.

Aun así, cuando la alerta suena, la teoría no sirve de mucho. “Escuchar esa alarma y leer el mensaje es inevitablemente aterrador. No sabes qué es lo que se viene ni por dónde”, cuenta.

En los primeros días, la defensa antiaérea interceptaba los misiles sobre Doha. Después, según su relato, comenzaron a neutralizarlos antes de que ingresaran al espacio urbano para evitar esquirlas sobre la ciudad. “Ahora solo escuchamos los estruendos”, señala.

Felipe Mosella León y Pamela Arredondo Betta.

El conflicto —que en los últimos días ha involucrado ataques cruzados entre Irán e Israel y la participación directa de Estados Unidos— ha provocado cierres temporales de espacio aéreo y suspensión de vuelos en varios países de la región, afectando la operación de aerolíneas internacionales. En el caso de Felipe, eso significa quedarse en tierra, con vuelos cancelados hasta nuevo aviso.

En la calle, dice, la vida intenta seguir. “Hay gente caminando, haciendo deporte o compras. Pero se nos pide mesura. En estas situaciones nunca sabes cómo vaya a reaccionar el enemigo”, agrega la quillotana.

Con toda esta angustia latente, existe un detalle que añade aún más inquietud inquietud. Chile no tiene embajada ni consulado en Qatar. “En este tipo de situaciones eso nos hace sentir algo vulnerables”, reconoce.

Desde su balcón en Doha, Pamela mira el cielo con otros ojos. Ya no es el cielo abierto de la aviación y los viajes, sino un espacio que puede encenderse en segundos y aunque dice que los últimos días han sido más tranquilos, la calma no es certeza, es apenas una pausa.

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