Las últimas torrenciales lluvias llevan a recordar el invierno de hace 39 años, cuando se produjo la crecida del río Aconcagua, debido a días de precipitaciones
REPORTAJE.- Los números lo confirman. El temporal de lluvia que azotó la zona hace un par de semanas, es uno de los más grandes de los últimos años. Asimismo, muchos caleranos señalan que nunca se había sentido el viento de la forma en que se dejó sentir en la ciudad hace unos días.
Inevitablemente, el temporal pasado y sus estragos (calles anegadas, canales desbordados, techos y árboles caídos) remiten al recuerdo de otros temporales, otras lluvias intensas y fuertes que dejaron su huella en la memoria de las caleranas y los caleranos.
Uno de esos episodios históricos es el temporal de lluvia ocurrido en el invierno de 1987, el que terminó con la caída del Puente 19 de Junio de La Calera, con un saldo de fallecidos y desaparecidos.
Ese año en el lapso de un mes, las lluvias fueron intensas en gran parte del país. De hecho, al momento en que ocurrió la tragedia –el miércoles 15 de julio de 1987– habían caído 371 milímetros de precipitaciones, cuando en un año normal las lluvias eran de 308 milímetros. Un verdadero diluvio que duró cerca de cinco días consecutivos.
Tal cantidad de lluvia, por largos días provocó inundaciones, salidas de esteros, damnificados y el caudal del río Aconcagua creció de manera considerable, recuperando su territorio en diversos sectores no solo de La Calera.
Antes de continuar esta historia, un dato, que sirve para destacar las precipitaciones caídas en el temporal de hace 15 días. Esos días de mayor intensidad, cayeron alrededor de 315 milímetros, comparable entonces al registro de 1987. Continuemos.

El día que el puente se partió en dos
La enorme crecida del río Aconcagua hizo que muchos curiosos llegaran al puente que une Artificio con La Calera (construido en 1927), para ver pasar el enorme y potente caudal, sin sospechar lo peligroso que eso era.
Cuando eran las 12:40 horas de ese miércoles, el Puente 19 de Junio crujió. El estruendo fue escuchado también por los curiosos que miraban el caudal del río desde las orillas.
De pronto, el puente se abrió justo al medio de su estructura, cedieron los pilares y la mole de cemento cayó al agua. Junto a él también cayeron un Fiat 600 con cuatro ocupantes, de los cuales solo se salvó el conductor, Alejandro Latín Villarroel, que era de El Melón. También un furgón azul marca Suzuki, que era conducido por un mecánico viñamarino que trabajaba en la zona y del que nunca más se supo, y una camioneta blanca.
Cerca de 14 personas, que pasaban o estaban observando el “espectáculo” en el puente, cayeron a las aguas torrentosas y muchas de ellas jamás fueron encontradas.
Testigo de esas dramáticas escenas fue el destacado reportero gráfico Waldo Lillo Santander que ese día se encontraba en el lugar. “Yo estaba como a 40 metros del puente. Fui con la idea de tomar algunas fotografías. De pronto sentí un estruendo, como si fuera un temblor, y el puente se vino abajo. Quedé paralizado durante algunos segundos y luego disparé mi cámara”.
El colaborador de “El Observador”, con vasta experiencia en varios medios regionales y nacionales, nunca imaginó que las capturas de ese momento se convertirían en un registro histórico, que incluso recorrería el mundo.
El fotógrafo calerano tomó varias imágenes de la tragedia y precisamente en una de ellas se observa a una persona aferrada al puente, tras emerger de las aguas. “El puente cayó con él abrazado al puente, se hundió y luego volvió a aparecer. Era distinguible porque andaba con un impermeable amarillo. Ahí lo fotografié”, señala Waldo Lillo.
Esa persona era el soldador Alfredo Carvacho Saravia, que ese mediodía pasaba en bicicleta sobre el puente cuando éste cedió. Hace algunos años, recordó ese momento con “El Observador”, explicando que “en un momento la loza se hundió y estuve bajo el agua, después hizo un movimiento y se paró de un sector, donde me quedé. A pesar de la corriente y las ramas que arrastraban las aguas, pude nadar y salí a metros del puente ferroviario, unas cuantas cuadras más abajo”.
Ocurrida la tragedia, los trabajos de búsqueda comenzaron de inmediato. Así fue que pasadas las 15 horas de ese día, un helicóptero divisó a un hombre aferrado a unas ramas en un islote a la altura de la población Campos de Deportes. Se trataba del trabajador José Briones que logró ser rescatado con vida.
De todas las personas que cayeron al torrente del río Aconcagua aquel día de junio, hace 39 años, solo tres lograron sobrevivir y fueron rescatados. Oficialmente hubo cinco muertos y un número indeterminado de desaparecidos –se dice que más de 10 al menos- de los que nunca se supo, aquella jornada cuando la naturaleza, la torrencial lluvia y el río, se hicieron sentir en el emblemático puente calerano.
