Por Roberto Silva Bijit
Fundador Diario “El Observador”
Por mucho tiempo repetimos que la cueca tenía un origen africano, ya que era un baile que habrían dejado en Quillota los esclavos negros que venían de Guinea, que atravesaban el Atlántico para llegar a Buenos Aires, de ahí a Mendoza, para luego cruzar la cordillera. Para que se repusieran de ese largo viaje, permanecían un tiempo en Quillota, con buen clima y buena comida. Durante su estancia bailaban un baile que un viajero francés llamó “lariate” y ese baile sería el origen de la cueca, que se habría expandido desde Quillota a todo Chile.
Trabajando en el texto del Tomo 4 de mi “Historia General de Quillota” y leyendo diversas narraciones de viajeros que durante el siglo XIX pasaron por Quillota, puedo concluir que la narración del comerciante francés Julián Mellet, sobre el baile que vio en Quillota a fines del año 1814 es un plagio, una vulgar copia de otro viajero.
Pero un plagio que se ha repetido como si fuera cierto durante 200 años. Todavía hay muchos que repiten la historia del “lariate” y aseguran con fuerza que la cueca tiene un origen africano en ese mentado baile de esclavos. Benjamín Vicuña Mackenna fue uno de los más insistentes en repetir esa historia y demasiados le hicimos caso –entre los que me cuento- difundiendo que la cueca se asentó en Quillota y desde aquí salió para el resto de Chile.
Revisemos lo ocurrido con este nuevo caso de plagio.
El viajero Mellet describió un baile que se asemeja a la cueca, en el sentido que lo bailan dos personas, que giran, que tiene los brazos semi levantados, que se mueven hacia atrás y hacia adelante, que se toman del brazo y que se besan al final del baile.
Pero Mellet, si bien estuvo en Quillota y recorrió intensamente Chile, copió su relato de un viajero alemán, Zacarías Helms, que estuvo en Montevideo en 1798. Revisando a Helms, nos damos cuenta que también copió la descripción del baile del viajero Joseph Pernetty, que también pasó por Montevideo en 1763. Pero el tema aún es más escandaloso, porque Pernetty copió burdamente la descripción del baile de un libro de “Historia general de viajeros”, publicado en Francia en 1759. Pero lo que es ya el colmo de los colmos, es que en ese libro también queda claro que habían copiado la versión del baile del relato del viajero francés, el sacerdote Jean Baptiste Labat, que publicó su crónica en 1722, describiendo una danza africana que vio en Santo Domingo en 1698.
Lo que escribió Mellet en 1814 ya lo había escrito Labat en 1698, es decir, era un relato escrito 116 años antes. Y ese baile sí era interpretado y bailado por negros africanos.
Lo cierto es que no es novedad que muchas veces los investigadores de historia, sin mayores revisiones, acepten como verdaderos los textos de otros autores y eso nos lleva a que un error se repita por generaciones y hasta se convierta en una especie de verdad. Nunca hay que cansarse de contrastar textos, buscar en otras lecturas, dudar de verdades que parecen ciertas y revisar a fondo el sentido de algunas narraciones.
El verdadero origen de la cueca proviene de los bailes que trajeron los españoles que llegaron a Chile a contar de 1536. Eran españoles andaluces que estaban empapados de la cultura árabe, que estuvo presente en el sur de España por más de 800 años.
El destacado profesor de la Universidad Católica, Samuel Claro Valdés, cerró sus investigaciones sobre la cueca asegurando que “los orígenes de la chilena o cueca tradicional se encuentran en la tradición oral recibida del pueblo árabe-andaluz que acompañó al conquistador en su paso al Nuevo Mundo, la que mantiene la herencia poético-musical árabe llegada a la Península Ibérica a partir de la dinastía de los Omeya, en el siglo VIII”.
La cueca tiene zapateo, que no tiene ningún baile indígena, pero que abunda en los fandangos andaluces. La cueca tiene una larga historia de aclimatación en Chile para configurar su actual forma de baile y canto.
La cueca no es africana, es árabe-española-chilena.
*Fotografía Redes Sociales.