Las declaraciones del delegado presidencial Manuel Millones pusieron en entredicho la viabilidad del proyecto ferroviario, generando una rápida respuesta del gobernador Rodrigo Mundaca y parlamentarios, quienes defendieron la iniciativa como estratégica para la región.
El futuro del tren que busca conectar Valparaíso con Santiago volvió a tensionar el escenario político regional, luego de que el delegado presidencial Manuel Millones instalara dudas sobre la viabilidad del proyecto.
“No le veo mucho futuro”, afirmó la autoridad, advirtiendo además que “cualquier proyecto que esté sobre una hora y media es inviable”, en referencia a los tiempos de viaje considerados en la propuesta actual. A esto sumó un elemento clave: el financiamiento. “Hoy no estamos en condiciones de aportar subsidios porque no tenemos recursos”, sostuvo, dejando en evidencia las limitaciones fiscales para impulsar una obra de esta magnitud.
Sus declaraciones no solo reabrieron la incertidumbre sobre el proyecto, sino que además desataron un choque inmediato con otras autoridades de la región.
El gobernador regional Rodrigo Mundaca salió al paso de los dichos y defendió con fuerza la iniciativa, subrayando su carácter estratégico. “El tren Valparaíso-Santiago es un anhelo ampliamente acariciado por todas y todos”, afirmó, agregando que “parece impropio que, transcurridos tantos años, siga siendo una quimera”.
Desde el Congreso, también hubo críticas al tono de las declaraciones. El diputado Nelson Venegas llamó a no abandonar el proyecto y enfatizó que “no podemos archivar un servicio de esta naturaleza”, planteando que el desafío debe estar en mejorar su diseño y no en descartarlo.
En la misma línea, la diputada María Francisca Bello advirtió sobre las consecuencias de debilitar la iniciativa. “No estamos hablando de un lujo, sino de una necesidad concreta de conectividad”, señaló, agregando que “abandonar esta iniciativa es renunciar a una mejor calidad de vida”.
El trasfondo del debate, sin embargo, va más allá de las declaraciones cruzadas. Mientras el diseño actual prioriza la conexión de ciudades intermedias —lo que extiende los tiempos de viaje—, han comenzado a reaparecer propuestas alternativas de trenes más rápidos mediante concesiones privadas y trazados más directos, en competencia con la Ruta 68.
Así, el proyecto vuelve a quedar en una zona incierta, atrapado entre cuestionamientos técnicos, restricciones presupuestarias y visiones políticas contrapuestas sobre el desarrollo del transporte en el país. Por ahora, el tren Valparaíso-Santiago sigue en carpeta, pero nuevamente bajo presión.
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