Por Roberto Silva Bijit
Fundador Diario “El Observador”
Desde siempre tuve la idea de ir a la fiesta de La Tirana, pero pasaban los años y no se daba ese viaje, hasta que, por fin, hace un par de semanas, viajé a la hermosa y patrimonial ciudad de Iquique (bella de tanto dinero del salitre invertido en sus antiguos edificios) y desde ahí planifiqué la ida al pequeño pueblito de La Tirana, que tiene 3.000 habitantes y recibe cerca de 300.000 visitantes. ¿Se pueden imaginar la trifulca que queda en esa semana de celebraciones?
La Virgen de La Tirana no es otra virgen que nuestra señora y patrona, nuestra Virgen del Carmen. En ese pueblo la conocen cariñosamente como “La Chinita”, porque tiene unos ojitos medio altiplánicos.
La leyenda cuenta que, en la época de los primeros conquistadores españoles, llegó a ese lugar una ñusta o princesa del imperio de los Incas. Era brava y muy sanguinaria. No dejó a español con cabeza de los que quisieron ocupar sus territorios. Una especie de Quintrala, con una personalidad muy fuerte.
Pero como hasta los duros tienen su corazoncito, ella se enamoró de un joven portugués que venía con los españoles. Y se derritió por el extranjero, tanto que decidió casarse con él, y como si eso fuera poco, aceptó casarse por el cristianismo, es decir, tuvo una conversión religiosa que el pueblo inca no le perdonó. El día de la boda, después de recibir la bendición católica, apareció un gran número de indios que los atacaron con flechas hasta darles muerte a los dos. Ella antes de fallecer, pidió que en ese lugar se levantara una cruz en memoria de su conversión y en honor de su nuevo Dios.
Y así comenzó no solo la leyenda, sino también la realidad y en el pueblo se levantó primero una cruz y después un santuario para rendirle tributo a la Virgen durante los años coloniales. Como ese era territorio peruano, después de la Guerra del Pacífico, los chilenos se encargaron de poner nuestras banderas y a la mismísima Virgen del Carmen en el trono.
El 16 de julio es la fiesta principal, pero aconsejado por amigos, me fui en la mañana del día 15, llamado Día de la Vigilia, porque ese es en verdad el momento más intenso de toda la jornada de celebraciones.
La Tirana está a 76 kilómetros de Iquique, bajo el intenso sol de la Pampa del Tamarugal (que son unos árboles que tienen la capacidad de sobrevivir en el desierto) y con un frío que cala los huesos en la noche.
Este año se celebraron además los 100 años de la “Virgen como Patrona, Reina y Madre de Chile”. Ella va vestida de blanco, tiene pelo real de alguna privilegiada que se lo cortó para dárselo y una franja tricolor que la hace Virgen chilena.
Este año llegaron a saludarla 208 bailes religiosos venidos de todo el norte, también de Perú y Bolivia. Todos con sus vestimentas muy preparadas, algunas graciosas, otras terroríficas, pero todos sus integrantes con una preparación física admirable, capaz de bailarle por horas a su Virgen. Ellos son la principal atracción y ocupan todas las calles del pueblo. Cada grupo tiene su propia bandita, que hacen sonar con gran fuerza. No tocan pitos a diferencia de los bailes chinos de la Zona Central.
En una explanada frente a la iglesia, miles de personas se congregan el día de la víspera para esperar en vigilia la llegada de los primeros minutos del día 16. Hay misas, decenas de sacerdotes repartiendo la eucaristía, globos blancos que la gente agita, velas encendidas, oraciones y cánticos. Cuando son la doce repican las campanas, la gente grita y canta, con un fervor admirable y se produce una atmósfera eléctrica de frenesí, alegría, entusiasmo y emoción. Cientos llorando y levantando las velas, lanzando los globos, cantándole a la Virgen del Tamarugal, como también la reconocen.
Durante la tarde miles de personas hacían fila para ingresar al templo donde está la Virgen y poder frotar en su imagen alguna prenda de vestir o foto de un ser querido por el que se iba a pedir. La Tirana es un lugar donde se va a pagar mandas, peticiones por familiares enfermos, ruegos por seres queridos realizados con una fe que conmueve.
Lo mejor de La Tirana es la fe con que la gente le pide ayuda a la Virgen y donde se vuelven a comprometer con alguna privación personal que vaya en beneficio de la mejoría de su ser querido. La siempre admirable fuerza de la fe.
*Imagen de Redes Sociales.