11 años desde la llegada de los actuales dueños argentinos de Unión La Calera

Publicado el at 16/08/2026
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Fue en agosto de 2015, en medio de una crisis financiera e institucional, cuando los hermanos Ricardo y Sebastián Pini, junto a Christian Bragarnik, adquirieron el 51% del club. Desde entonces, han sucedido muchas cosas en La Calera

El presente deportivo de Unión La Calera es crítico. La paupérrima campaña de esta temporada, tiene a los cementeros en el último lugar de la tabla de posiciones y como serio candidato al descenso, apelando a un milagro o una reacción titánica para salvarse.

Es en estos periodos oscuros, cuando el cuestionamiento a los controladores de la sociedad anónima que administra al club rojo, crece y se acentúa. Desde la nula reacción para buscar en el cambio de técnico, un remezón que ayude a conseguir mejores resultados, hasta la conformación de un plantel débil y reducido, las críticas aumentan.

Quizás pocos recuerdan que en estos días, se cumplen once años desde la llegada de la actual administración. Fue el 18 de agosto de 2015 cuando los dueños de Unión La Calera en ese entonces, vendieron el club a los hermanos Ricardo y Sebastián Pini, y a Christian Bragarnik.

Fue un breve comunicado de prensa el que, la noche del 19 de agosto de hace once años, informaba que el club cementero tenía nuevos administradores, escribiendo una nueva página en su historia como sociedad anónima deportiva y de paso, solucionando una verdadera crisis económica.

Dos ventas en dos décadas

Esa fue la segunda vez que el club pasó a tener dueños o controladores. La primera vez fue en 2006, cuando “apurados” por la promulgación de la Ley 20.019 de Sociedades Anónimas Deportivas, al igual que otros clubes chilenos, los rojos dieron su primer paso para su transformación de corporación deportiva a S.A.

Los dirigentes caleranos de ese entonces buscaron que empresarios de la zona se hicieran cargo de Unión La Calera, pero nadie se interesó. Eso llevó a que se buscaran interesados fuera de La Calera.

Así se llegó al 17 de agosto de 2006, cuando la mesa directiva de Unión La Calera citó a una asamblea de socios en las dependencias de la Cámara de Comercio de La Calera, para presentar a un grupo de desconocidos empresarios santiaguinos, interesados en hacerse cargo del club.

No más de 100 socios votaron a mano alzada aceptando transformar al club en sociedad anónima, y en la misma jornada se aprobó el traspaso a un grupo de empresarios santiaguinos, encabezados por Jorge Fuenzalida, un corredor de bolsa que representaba a la Corredora de Bolsa de Raimundo Serrano Mc Auliffe, la más importante del país.

En ese momento, Unión La Calera tenía un déficit de 134 millones de pesos por múltiples deudas. Los dueños del club anunciaron que invertirían 300 millones de pesos en los primeros tres años de administración.

Lo que pasó en tres años fue que se acabó el dinero y los accionistas mayoritarios dejaron de inyectar dinero y a poco andar cayeron en la cárcel por apropiación indebida e infracción a la Ley de Mercado de Valores. Tomás Serrano, Jorge Fuenzalida y Luis Núñez irían a prisión.

Solo un año después de ese descalabro institucional, Unión La Calera hizo una gran campaña y ascendió a Primera División. El club seguía siendo controlado por Serrano y compañía, desde prisión.

A fines de 2010 Luis Núñez salió de prisión y volvió para asumir como gerente general de la S.A., cargo que mantuvo hasta agosto de 2015, cuando luego de negociar con los Pini y Bragarnik, vendió a Unión La Calera.

Christian Bragarnik era hasta hace algunos años, el socio de los hermanos Pini, con quienes llegó en 2015, y dueño de una parte de Unión La Calera. Hoy es dueño de O’Higgins.

Crisis y llegada de los dueños argentinos

Una crisis financiera insostenible, solo un par de meses después de haber cumplido una gran campaña, comenzó a generar una serie de problemas en Unión La Calera.

Cuando se estaba conformando el nuevo plantel, se tuvo que frenar la llegada de algunos refuerzos porque los dueños del club informaron que el presupuesto para contratar jugadores se reducía a más de la mitad.

Hubo que conseguir dinero para pagar los finiquitos de los jugadores, pagar los premios del plantel que logró la histórica campaña del semestre anterior y cancelar sueldos. También se acumularon los pagos de los técnicos del Fútbol Joven y sueldos de funcionarios administrativos del club, llegando a adeudar tres meses.

El torneo se inició a fines de julio de 2015 y ya Unión La Calera estaba en crisis. Al atraso en el pago de remuneraciones se sumaron deudas en hoteles y canchas de entrenamiento, el no pago del arriendo de casas de algunos jugadores por casi tres meses, a proveedores, etc.

Sabino Jadue, en ese momento presidente de Unión La Calera, renunció apuntando a Luis Núñez como el culpable de la crisis financiera. Tres días después, Núñez llegaba acuerdo con los inversionistas argentinos por el porcentaje mayoritario de las acciones del club.

Los dueños argentinos de Unión La Calera asumieron a fines de agosto (el 29 de ese mes) el control del club, previo pago de 600 millones de pesos. Ese fue el monto pagado en ese momento por el 51 por ciento de las acciones de la S.A. calerana, dinero que permitió pagar una deuda con la ANFP.

A poco andar, los argentinos, cuyas caras visibles en la comuna eran Cristian Lebihan (que años después compraría San Luis de Quillota, aunque Ricardo Pini era el real dueño) y Flavio Scalabrin, comenzaron a quejarse que habían sido engañados, pues aparecieron más acreedores de los que ellos sabían. El cinturón siguió ajustado y así sería por largo tiempo.

Lo que siguió fueron luces y sombras. Dudas y pocas certezas. Campañas horribles, un descenso, un ascenso histórico, las primeras campañas internacionales de Unión La Calera, paseando el nombre de La Calera por todo Sudamérica; muchos técnicos en estos once años, ganancias por millones de dólares por venta de jugadores; eliminar la insignia histórica del club y la imposición de otra; la construcción en complejo deportivo, pero en Mantagua; la desaparición de alguna sede u oficina administrativa en La Calera para instalarse en Concón; la partida de Bragarnik; la devolución de la insignia, entre muchas otras cosas.