La bioquímica explicó cómo desarrolló PyloriOFF! y su relación con la prevención del principal factor de riesgo del cáncer gástrico.
QUILLOTA.- Apolinaria García Cancino lleva más de tres décadas dedicada a la investigación científica y al estudio de los microorganismos. Su trabajo con bacterias beneficiosas dio origen a PyloriOFF!, un probiótico que comenzó a venderse en Chile a fines de 2022, tras cerca de 17 años de desarrollo. Este jueves la doctora llegó a Quillota para presentar “Bacterias Beneficiosas” en la Feria del Libro, donde compartió la experiencia detrás de este avance y las nuevas líneas de investigación que mantiene su equipo.
– ¿Hubo un momento en que supo que había encontrado algo importante?
Un momento muy importante fue cuando demostramos en el laboratorio que una bacteria aislada del estómago humano mataba a Helicobacter pylori, el agente patógeno que causa problemas. El resultado fue tan bonito que uno, en ciencia, necesita creer que es real. Me pregunté si sería cierto y le pedí a mi estudiante de magíster de entonces, Fabiola Silva, que lo repitiera tres veces. Así tuvimos la seguridad de que efectivamente había una bacteria capaz de matar a otra que era patógena. En ese momento sentí que todo iba bien, porque habíamos encontrado al protagonista: el probiótico.
¿Qué ventaja tenía esa bacteria para actuar en el estómago?
La bacteria probiótica fue aislada del estómago humano, por lo que venía de un origen gástrico y tenía tolerancia al ambiente ácido. No todas las bacterias resisten esas condiciones; la mayoría muere al llegar al estómago. Helicobacter pylori también infecta ese órgano, pero para vivir allí necesita producir una enzima llamada ureasa. La cepa probiótica, en cambio, provenía de ese ambiente y tenía esa ventaja. Era una característica importante para pensar en su uso frente a la bacteria dañina.
¿Cómo fue el camino desde el laboratorio hasta la comercialización?
Fueron muchos años de ensayo y error. Al principio iba personalmente a las empresas para ofrecer el producto, pero fracasé en esos intentos porque no tenía el lenguaje para conversar con los empresarios. Después de un fracaso importante en una empresa mexicana entendí que esa no era mi labor: “Pastelero a tus pasteles, yo soy científica, yo tengo que hacer lo mío”. Tenían que participar personas que supieran de comercialización y transferencia tecnológica. En la Universidad de Concepción contamos con profesionales especializados y con una Oficina de Transferencia y Licenciamiento (OTL), además de una unidad de propiedad intelectual. Desde que la universidad tomó esa parte y comencé a asesorarme, el proceso avanzó. La ciencia y la comercialización requieren conocimientos distintos.
¿En qué etapa está hoy el producto?
La cepa tiene dos patentes asociadas, una para el producto y otra para la función de la cepa, además de 17 publicaciones científicas. El desarrollo está consolidado y el probiótico comenzó a venderse en Chile a fines de 2022. En 2023 se licenció a la empresa italiana Sacco System, que tiene presencia en más de 100 países y puede llevar el producto a esos mercados.
¿Cuántas personas podrían beneficiarse?
La infección tiene una prevalencia cercana al 50% en el mundo y en Chile llega aproximadamente al 70%, por lo que afecta a una población muy amplia. Las cifras varían entre lugares y están asociadas a factores socioeconómicos, la calidad del agua, el alcantarillado y otras condiciones vinculadas a las enfermedades infecciosas.
¿El probiótico debería incorporarse a una política pública de salud?
Es una pregunta que nos hemos hecho como equipo. También hemos conversado con personas del área de salud para analizar, junto a profesionales competentes, cuál podría ser el beneficio de su consumo. Pero tengo que ser muy responsable al explicarlo: este probiótico sirve para prevenir la infección por Helicobacter pylori y, al prevenirla, estamos previniendo el principal factor de riesgo para el cáncer gástrico. Algunas personas que tienen cáncer se acercan o me escriben pensando que el probiótico puede mejorar su condición, y yo les explico que no es así. Hay factores propios de cada persona, incluidos los genéticos. Creo que su posible incorporación a una política pública debe ser analizada rigurosamente por un equipo competente, con los estudios científicos y clínicos que correspondan.

¿Qué recomienda a quienes tienen antecedentes familiares de cáncer gástrico?
La prevención es importante. Siempre se dice que es mejor prevenir que curar. También hay que hacerse los análisis pertinentes y, si se detecta la bacteria, realizar el tratamiento y no dejarlo para más adelante. En Chile se utiliza una cuadriterapia, porque la terapia triple ha perdido eficacia frente a la resistencia de las bacterias a los antibióticos. Además, es importante hacer seguimiento para comprobar que el tratamiento haya funcionado.
¿Una persona puede volver a infectarse después del tratamiento?
Sí, puede volver a adquirir la infección. La transmisión puede ser oral-oral o fecal-oral, mediante el contacto cercano entre personas, y también se han señalado posibles vías relacionadas con alimentos contaminados, como la lechuga. Por eso hay que mantener medidas de higiene: lavarse bien las manos antes y después de ir al baño y lavar cuidadosamente frutas y verduras.
¿PyloriOFF! reemplaza los antibióticos o se usa como complemento?
No los reemplaza. Puede utilizarse como complemento preventivo y también después de un tratamiento. Los antibióticos eliminan bacterias dañinas, pero también pueden afectar a las beneficiosas y dejar la microbiota en un estado de desequilibrio, lo que se conoce como disbiosis. El consumo de probióticos puede ayudar a que esa microbiota recupere su equilibrio.
¿En qué está trabajando actualmente su equipo?
Seguimos investigando Helicobacter pylori y sus posibles mecanismos de transmisión. Una línea de trabajo estudia si la bacteria puede introducirse en levaduras del género Candida, microorganismos más grandes y resistentes a las condiciones ambientales. La hipótesis es que la levadura podría transportarla protegida y, una vez en el organismo, permitir que se libere en el estómago y comience la infección. Llevamos cerca de tres años trabajando en esta investigación mediante un proyecto Fondecyt y ya tenemos publicaciones asociadas. Queremos entender mejor cómo llega la bacteria a la población chilena y por qué su prevalencia es tan alta.
¿Cómo surgió la idea de escribir “Bacterias Beneficiosas”?
(El editor) Enzo Reyes me contactó por WhatsApp y después seguimos conversando en reuniones y por correo. Me pidió que le contara lo que hacía y le expliqué que estaba dedicada al estudio de las bacterias beneficiosas. Como microbióloga, me interesa entender cómo los microorganismos pueden causar daño, para buscar la manera de frenarlo. Sin embargo, mi trabajo con Helicobacter pylori también me llevó al otro extremo: las bacterias beneficiosas. Me apasionó tanto ese campo que comenzamos a desarrollar varios probióticos más, y parte de esa experiencia se cuenta en el libro.
¿Qué otras aplicaciones están explorando?
Tenemos un probiótico en desarrollo para el acné común, que afecta especialmente a adolescentes y jóvenes. Aunque a veces no se considere una enfermedad grave, es una etapa en que la relación con los pares es importante y puede tener un impacto significativo. También desarrollamos un probiótico para las abejas, con el objetivo de fortalecer su sistema inmune y ayudarlas frente a enfermedades y otros factores que las afectan. Hay otro destinado a personas con intolerancia a la lactosa que podría estar próximo a llegar al mercado. También me gustaría investigar alternativas para la celiaquía, porque tengo una hija celíaca, pero sé que es un problema muy complejo.
¿Qué se necesita para que una investigación llegue al mercado?
Son procesos largos y exigentes. En el caso de PyloriOFF! pasaron casi 17 años desde el inicio del trabajo hasta su llegada al mercado. Hay que cumplir las distintas etapas y los requisitos de los comités de ética, además de contar con recursos, personal capacitado y equipos comprometidos. Los resultados no aparecen en uno o dos años; muchas veces requieren varios años de trabajo. Hemos aprendido de esta experiencia y esperamos que los próximos desarrollos puedan avanzar en menos tiempo, pero la investigación sigue siendo un proceso que exige perseverancia.
¿Cómo ve la participación de las mujeres en la ciencia chilena?
Es un tema muy importante para mí. Participo en actividades STEM y hago mucha vinculación con el medio: recorro Chile y voy a colegios, desde kínder hasta enseñanza media, además de conversar con estudiantes, docentes y apoderados. A veces las niñas sienten temor y se preguntan si serán capaces. Creo que el apoyo en la casa es fundamental: decirles que pueden y no limitarlas. Una palabra negativa en una etapa importante puede hacer que una niña dude de sus capacidades. Cuando voy a los colegios con estudiantes jóvenes, ellas pueden ver que la ciencia es algo que también pueden hacer. No se trata de ser una persona extraordinariamente inteligente, sino de ser perseverante y resiliente. La participación de las mujeres ha aumentado, pero todavía son pocas en ciencia, tecnología, ingeniería y matemática.
¿Qué aporta la mirada femenina a la investigación?
Creo que, si no hay mujeres participando, se pierde una mirada importante. Somos complementarios, pero hombres y mujeres no somos iguales. La impronta femenina, para mí, tiene que ver con “una lógica”, con “el sexto sentido” y con “el ver hacia dónde va” algo. También está la administración de los recursos, porque en ciencia nunca hay exceso de dinero: siempre necesitamos más para reactivos y equipos, que son muy caros. Es un poco ser ministra de Economía, saber administrar. Creo que perder esa mirada perjudica el desarrollo científico nacional si no incorporamos más mujeres a la ciencia.
¿Qué dificultades tiene hacer ciencia desde regiones?
Hacer ciencia desde regiones cuesta más, porque a veces parece que Santiago fuera Chile, pero no es así. En la Universidad de Concepción hay científicos de muy buen nivel. También influye la educación que recibí: somos ocho hermanos y mi papá siempre decía que todos llegaríamos a la universidad. Nunca pensé que no sería capaz de alcanzar mis objetivos. Hubo experimentos que fracasaron, pero seguí adelante y no dejé que las dificultades me hicieran abandonar. Preferí concentrar mi energía en el trabajo y hacerlo de la mejor manera. Los recursos pueden ser limitados, pero en las regiones también se hace ciencia de alto nivel y es importante que eso se reconozca.
¿Le gustaría recibir el Premio Nacional de Ciencias?
Por supuesto que sí. Creo que tengo méritos, aunque sé que hay muchas otras personas que también los tienen. Es difícil conseguirlo: hay investigadores que postulan una, dos o tres veces. Pero sí, es un deseo.
¿Qué vínculo tiene con la Región de Valparaíso?
Mi mamá es de Valparaíso y mi hermana Mercedes lleva 40 años trabajando como enfermera en el Hospital de La Calera. También tengo a mi tía Zaida Cancino en Quillota y una cuñada en Quilpué. Después de la Región del Biobío, donde vivo, esta es mi segunda región.