Su financiamiento termina en septiembre y todavía no existe una nueva convocatoria del fondo que ha sostenido el proyecto.
QUILLOTA.- ¿Qué ocurre con una persona con discapacidad intelectual cuando termina su etapa escolar? Para muchas familias, ese momento abre una incertidumbre difícil de resolver: desaparecen espacios de acompañamiento que estuvieron presentes durante años, precisamente cuando comienza el desafío de avanzar hacia una vida adulta con mayor autonomía.
Ese vacío es el que Fundación Capaz Chile intenta cubrir desde hace ocho años en Quillota. Actualmente acompaña a 20 jóvenes y adultos mayores de 18 años y sus familias, trabajando para que puedan desenvolverse con mayor independencia, utilizar el transporte público, incorporarse al mundo laboral, participar en su comunidad y tomar decisiones sobre su propia vida.
“Muchas veces cuando egresan del sistema escolar se acaba todo el acompañamiento, y quedan sin un espacio que siga apoyando su desarrollo”, explica Denisse Tapia Campos, directora de Fundación Capaz Chile. “No es asistirlos ni cuidarlos; es un trabajo técnico para que sean protagonistas de su propia vida”.
Hoy ese trabajo enfrenta un escenario incierto. Desde 2021, su principal sustento ha sido el Fondo Tránsito a la Vida Independiente del SENADIS, mediante el cual la organización ha ejecutado cinco proyectos consecutivos. Los recursos disponibles alcanzan solamente hasta septiembre y, hasta ahora, no se ha abierto un nuevo concurso que permita proyectar su continuidad.

Sólo hay dos organizaciones que ejecutan este tipo de proyecto en toda la Región
El problema adquiere especial relevancia porque, según Tapia, Fundación Capaz es actualmente la única organización de la Provincia de Quillota que ejecuta un proyecto de Tránsito a la Vida Independiente de SENADIS y una de sólo dos en la Región de Valparaíso. Si desapareciera, las familias atendidas no tendrían en el territorio otra institución que entregue un acompañamiento integral similar.
La primera consecuencia sería la interrupción del trabajo de cinco profesionales que acompañan directamente a los usuarios. Y detrás de aquello existen procesos que llevan años desarrollándose.
“La autonomía se construye con presencia sostenida; interrumpirla no es reducir un servicio, es dejar sin efecto años de avance”, advierte la directora. Para quienes participan, explica, la continuidad permite mantener no solo aprendizajes y habilidades, sino también vínculos sociales y un sentido de pertenencia construido durante el proceso.
Incertidumbre
Frente a este escenario, la fundación busca dejar de depender exclusivamente de fondos concursables. Entre las alternativas están incorporar socios colaboradores, establecer convenios con instituciones y sumar empresas mediante donaciones o alianzas de largo plazo.
Tapia pone especialmente el acento en el apoyo que puede surgir desde el propio territorio. “Muchas veces las donaciones se concentran en grandes campañas nacionales que reciben una enorme visibilidad. Sin embargo, en nuestros propios territorios existen organizaciones que trabajan los 365 días del año, transformando vidas de manera silenciosa”.
Para Fundación Capaz, asegurar su continuidad significa mantener mucho más que un programa. Se trata de conservar un espacio donde personas históricamente invisibilizadas puedan convertirse en estudiantes, trabajadores, líderes y ciudadanos activos de su comunidad.
“Perdería líderes, autogestores, trabajadores, estudiantes y ciudadanos que hoy están demostrando que la discapacidad intelectual no impide aportar a la sociedad cuando existen los apoyos adecuados”, sostiene Tapia.
El desafío ahora es encontrar una fórmula que permita sostener ese trabajo más allá de septiembre. Para las 20 personas que actualmente forman parte del programa y sus familias, lo que está en juego no es solamente la continuidad de una organización: es mantener el acompañamiento que les ha permitido avanzar, durante años, hacia una vida cada vez más propia.