Por Roberto Silva Bijit
Fundador Diario “El Observador”
“Me sentí muy orgulloso de ver a Quillota en la tele”, fue una de las frases más repetidas de la semana pasada. Y lo que pasó con el acuerdo entre el municipio y Mega fue un paso muy importante para poner el nombre de Quillota a nivel nacional e internacional.
Las cifras son impresionantes. 65 mil personas compraron entradas durante los cuatro días. El punto más alto fue el sábado con 22 mil espectadores presenciales. Las entradas costaban 7 mil pesos, pero para adultos mayores y niños solamente mil pesos. La transmisión de Mega arrasó con la sintonía frente a los demás canales, alcanzando 430.511 personas por minuto viendo la tele, llegando el viernes a una audiencia de 555.225 televidentes. El alcance total de Mega, más Mega2 fue de 4.081.557 como alcance total de personas según la métrica del sistema. Contando todas las plataformas de la estación televisiva hubo un total de 32.564.778 de reproducciones de los contenidos de la Expo Quillota, que también fueron apoyados por nuestro visitado sitio web: observador.cl, que cubrió cada noche de la Expo.
Desde el punto de vista del trabajo de Carabineros, los números también son increíbles: 680 controles preventivos, que arrojaron 78 infractores y 15 detenidos por muy diversas razones: amenazar de muerte a un carabinero, conducir bajo los efectos del alcohol y de drogas, conducción temeraria y falsificación de instrumento público.
La Expo Quillota tuvo un costo de cerca de 800 millones de pesos de los cuales, la mitad fueron recuperados con la venta de entradas y la venta de stand a los expositores. El municipio lo valora como una inversión social, al permitirle a tanta gente disfrutar de tantos artistas por tan poca plata. Los carros de comida pasaron llenos y los expositores aseguran que hubo mucho público y buenas ventas.
Cuenta el alcalde Luis Mella que la Karen lloró en la Casa de Acogida, hasta donde llegó como parte de su estadía en Quillota. Para ella la ciudad tiene historia, porque ahí vivió su abuela materna, porque hizo campaña política para Marco Henríquez-Ominami y porque asistió antes al evento como público. De Julio César se dijo que estaba muy preocupado del rating y que manejó a los artistas para quedar siempre ganando frente a sus competidores de la televisión.
Fue muy acertado el galardón que se creó para la Expo Quillota, que representa el “trinacrio”, una figura simbólica del mundo indígena Picunche, que reúne a los tres elementos más importante de la naturaleza: tierra, agua y aire, mediante tres rayos que salen como girando desde un círculo. Hay que hablar del pueblo Picunche y no de la cultura Aconcagua, que solo es el nivel cultural con que los arqueólogos asocian un momento de la historia de los picunches, entre el año 1000 y el 1450 después de Cristo.
La parrilla de artistas terminó gustando. Se robó la película la bonita Alanys Lagos, como ranchera juvenil. Marcaron su sello Los Charros de Lumaco, carta conocida y famosa del mundo mexicano. Muy bien el show romántico de Franco Simone, que todavía tiene voz y gracia en el escenario. Leo Rey fue una especie de Sandro (con menos movimiento que el argentino) que volvió con sus canciones que hicieron famoso al grupo La Noche.
Muchos que vieron el show por la tele quedaron maravillados con la vista que mostraba el dron desde la altura, con un estadio repleto y con un público con ganas. Además, en el contorno, la ciudad de Quillota iluminada, con sus cuadras ordenadas y sus casas y edificios compartiendo el centro de la ciudad.
Los que fueron lo pasaron bien, parte de los que se quedaron en casa pueden querer ir a verlo en forma presencial al estadio el próximo año. Y por supuesto, muchos seguirán pensando que están más cómodos viendo en casa y de muy cerca a los artistas y también algunos rostros de los asistentes.
A contar de ahora Quillota se suma a la estela de luz y música que deja el festival de Viña del Mar y el festival del Huaso de Olmué, que son dos eventos musicales que ya están instalados en el mundo del espectáculo de nuestra región.