MI BUENA NOTICIA: Bajó 42 kilos y ‘Pancho’ Saavedra le consiguió un año de gimnasio gratis

Publicado el at 13/07/2018
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En el peor momento Gina Tapia llegó a pesar 142 kilos, pero tomó conciencia y hoy lleva una vida saludable

QUILLOTA.- La historia de Gina Tapia Guerrero podría ser la historia de cualquier persona. Sin embargo, lo que la diferencia, es el epílogo que logró darle a un problema que ya se salía de control.

Esta mujer que vive en el sector de La Palma – Las Pataguas, explica que ella viene de una familia de “gorditos” y puntualiza que “yo era la más gordita y la más chica”.

Gina recuerda que en su familia se estilaba comer “a lo campo”, platos suculentos y cargados a los hidratos de carbono y a las grasas. Así creció y esa fue su cultura alimenticia siempre. “A mi me criaron mis abuelos y ellos acostumbraban comer bien, el buen arrollado, la prieta, si no había mantequilla, le echaba manteca al pan”, comenta.

Cuando Gina quedó embarazada -a los 18 años-, el desbarajuste hormonal y alimenticio la llevó a subir cerca de 30 kilos, los cuales no logró bajar después de dar a luz. “Es que yo almorzaba un plato de porotos y a la media hora, si veía un pan, me lo comía con tomate”, explica.

Pero a la carga genética y al descontrol se le sumó otro agravante: el sedentarismo. “Después que nació mi hijo fue muy difícil, yo no hacía deporte y todo eso me pasó la cuenta. Creo que el gran motivo fue que era más fácil y barato hacerse una olla de fideos, en vez de algo más saludable y que era más caro, lo que se sumó a que la situación económica que yo vivía entonces no era de las mejores, entonces me hacía pan amasado y comía mucho fideo y arroz”, explica.

Sumados todos estos antecedentes, el resultado fue abrumador. En el peor de sus momentos, hace dos años, la balanza le mostró que pesaba 142 kilos.

Fue entonces cuando tomó conciencia del peligro en que se encontraba. “Algo hizo click en mi cabeza y me di cuenta que yo no podía seguir así. Dios me dio el privilegio de ser madre de un solo hijo y aunque yo era una ‘gordita sanita’ me di cuenta que los gorditos tenemos una coraza, una máscara. Mucha gente te pregunta si eres feliz y respondía que sí, era la gordita alegre, la que tiraba la talla, la centrito de mesa. Pero me di cuenta de que yo quería conocer a mis nietos y que si seguía así no lo iba a poder lograr”, rememora.

Entonces se dio cuenta que la ansiedad era lo que la estaba matando. “Yo no tenía en qué invertir mi tiempo. Mi vida era del colegio a la casa y nada más”.

De ahí vinieron los cambios. Lo primero fue ir a un médico que le recetó píldoras para ayudarle a controlar la ansiedad, pero que a ella no le “tincaron” porque sabía que traían problemas secundarios y el llamado “efecto rebote”, que se manifiesta cuando se dejan de tomar y vuelve la ansiedad con más intensidad.

Afortunadamente Gina conoció a un grupo que hacía gimnasia en piscina, lo cual le convenía porque así no le dolían sus rodillas. También hizo un cambio en su sistema de alimentación que complementó con suplementos alimenticios. “Yo no hice ni hago dieta, yo hice un cambio sustancial en la forma de alimentarme, o sea, hice un cambio en mi estilo de vida”, puntualiza.

Más recientemente, y con 25 kilos menos, decidió crear un proyecto de fit camp en la cancha Las Pataguas, donde cuenta con varias herramientas de ejercitación para ayudar a otras personas que sufren el mismo problema.

Y recientemente Gina recibió un regalo que jamás imaginó, y que vino de la mano del popular animador Francisco “Pancho” Saavedra, quien llegó hasta Quillota a inaugurar el mall de avenida Condell.

“Ese día fuimos a ver la inauguración y Pancho tenía unas tarjetas que regalaban una semana de gimnasio gratis en el recinto de Sportlife. Me eligió a mí, pero le dije que quería recibir el regalo directamente de él. Así, mientras yo subía al escenario, él regaló todas las tarjetas, entonces no tuvo ninguna para pasarme. Ahí aproveché de decirle que yo me merecía ese regalo más que nadie porque yo ya había bajado 42 kilos. Me dijo literalmente ‘me estay hueviando’ y le conté cómo había sido. Entonces dijo ‘ya, me voy a mandar un Don Francisco, esta tarjeta dice un mes de gimnasio gratis’ y le contó al público, pero una señora del público gritó: ‘Se merece un año’ y él dijo ‘tiene razón’ y la gente se puso a gritar”, cuenta entusiasmada esta mujer que le ganó a la obesidad y triunfó con la vida sana.

 

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