Familia utilizó un brasero de carbón dentro de su domicilio mientras estaban sin suministro eléctrico y a oscuras. El comportamiento de su mascota fue el primer signo que alertó a sus cuidadores.
NOGALES.- En las últimas semanas han ocurrido una serie de intoxicaciones por inhalación de monóxido de carbono. Algunas tristemente han sido fatales, como sucedió en Quillota y Viña del Mar.
Camila Soto Guzmán, de 34 años, vivió en carne propia una emergencia de este tipo hace muy poco. Ocurrió dentro su casa de la villa Los Jardines de Nogales el sábado 18 de julio. En esos momentos estaba con su papá de 59 años, su hija adolescente de 16 años y su perrita mascota.
La familia no tenía suministro eléctrico producto del sistema frontal. Tampoco les quedaba batería en sus celulares. En ese contexto, decidieron prender el brasero de carbón y ponerlo dentro de la vivienda. “Pensé que sería una buena idea, pero claramente no lo fue”, dice Camila. Según relata, era la primera vez que colocaba un brasero encendido en el domicilio. Eran alrededor de las 21 horas.

“De un momento a otro, mi perrita comenzó a insistir en salir una y otra vez para ir al baño. Su comportamiento me llamó mucho la atención, así que decidí salir con ella”, cuenta. “Al salir, empecé a sentirme muy mal y me di cuenta de que algo no estaba bien. Poco después mi papá también se descompensó y, finalmente, mi hija se desmayó en el baño“, recuerda.
La preocupación y el temor comenzaron a crecer en esos momentos. Tuvieron que reaccionar con rapidez. “Primero sacamos a mi hija. Le di agua a todos, mi papá tomó harta y luego de unos minutos, se recompuso para manejar. En ese momento mi hija ya estaba reaccionando”, señala la joven madre nogalina.
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Los tres se dirigieron rápidamente al Centro de Salud Familiar (Cesfam) de Nogales. El personal médico atendió primero a la menor y después al resto de la familia. Les midieron la presión, les inyectaron un medicamento para aliviar los dolores de cabeza y luego de un rato de permanecer bajo observación, pudieron volver a casa. Eso fue pasadas las 23 horas.

“Mirando hacia atrás, estoy convencida de que mi perrita nos salvó la vida. Si ella no hubiera insistido tanto en salir, probablemente habríamos permanecido más tiempo dentro de la casa, expuestos al monóxido de carbono que producía el brasero de carbón. Gracias a su insistencia salimos a tiempo y buscamos ayuda”, asegura Camila.
