Por Roberto Silva Bijit
Fundador Diario “El Observador”
¿Qué nos pasó en los establecimientos educacionales que se transformaron tanto? Antes eran un refugio de la mente y el alma, un lugar de paz y encuentro, un espacio de compartir con alegría y generosidad. Ahora son un centro de tensión y violencia, donde toda la comunidad educativa está viviendo con temor que en cualquier momento ocurra lo inesperado.
La ley de Escuelas Protegidas fue aprobada por una muy amplia mayoría en la Cámara de Diputados: 105 votos a favor y 46 en contra, que corresponden a los votos del partido Comunista y el Frente Amplio.
Los diputados ratificaron la mayoría de las indicaciones incorporadas en el Senado y ahora el texto se transformará en ley, la cual podrá ser usada por los liceos y colegios para frenar el avance de la violencia, esa pesadilla que persigue a profesores y alumnos.
Es necesario recordar que esta es la segunda ley que aborda la violencia escolar. En diciembre de 2018, el Presidente Piñera, dictó la ley Aula Segura, aprobada después de repetidos actos incendiarios perpetrados por alumnos encapuchados en liceos de Santiago. La idea fue fortalecer las facultades de los directores en materia de expulsión y cancelación de matrícula en casos graves de violencia.
La ley no ha sido muy efectiva porque como telón de fondo todavía hay gente que aplaude la violencia, que instiga a los menores, que promueve el desorden social. Ese daño costará años sacárselo de encima, mientras tanto, el proceso de aprendizaje, fundamental para el progreso de Chile, seguirá averiado a causa de irresponsables. Las leyes solo sirven si se aplican, si hay voluntad para hacerlo y si se quiere mirar hacia el futuro.
Por ejemplo, las tomas de los liceos duraban semanas, interrumpían las clases y terminaban en un saqueo y destrucción de los bienes de la comunidad escolar. Ahora, como el gobierno tiene voluntad política, los liceos son desalojados inmediatamente por Carabineros. Ya van como cinco desalojos eficientes y ejemplarizadores. Las tomas siempre serán ilegales y cuando algunos comienzan a justificarlas, entonces, estamos caminando hacia atrás, hacia un pasado al que la gran mayoría de los chilenos no quiere volver.
La nueva ley contiene muchos elementos que eran urgentes de ser puestos en un marco legal. Se podrán revisar las mochilas, en presencia de dos adultos, en un lugar privado y dejando constancia por escrito de lo obrado. Mostrar o vaciar el contenido de sus bolsillos, sin contacto físico. Se trata de una herramienta para prevenir y hacer frente a hechos de violencia, a delitos que hoy en día impiden que nuestras escuelas tengan un entorno seguro, condición básica para generar los aprendizajes y los entendimientos entre los diferentes estamentos de los establecimientos educacionales.
Para muchos padres la preocupación principal es que no ocurra nada violento en el colegio de sus hijos, pero nada les garantizaba que los niños tendrían protección. Ahora en cambio, hay una forma de controlar a quienes quieren imponer la violencia, con el simple expediente de la revisión, que se puede transformar en la manera de desarmar a un violentista que quiere ingresar un arma blanca, un arma de fuego o elementos explosivos.
Para variar hay voces que vienen desde la oposición al gobierno que hablan de criminalización de los estudiantes, lo cual claramente es enviar un mensaje para hacerle vista gorda a la violencia intraescolar, tratar de decir que revisar una mochila es un atentado a los derechos humanos, o sencillamente, que toda la normativa se podría transformar en un abuso contra los estudiantes.
Se evitará, además, algo que nos tiene muy aburridos: que unos pocos tomen decisiones por la mayoría y no la dejen actuar libremente.