Unión La Calera es su gente: homenaje a los 68 años del club

Publicado el at 9:16 pm
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Hoy ese club vive en las calles y los pasajes de las poblaciones bravas de la ciudad. En las paredes de cada rincón del pueblo. En el sueño de sus niños y de sus mujeres, en el recuerdo de sus abuelos, en la pasión de todos los caleranos y caleranas.

Por Ricardo Maturana Otey, Periodista.

Érase una vez un club que tenía su sede en la ciudad. En el que un mago dibujaba gambetas en la cancha. En el que un delantero derribaba rivales y doblaba travesaños con el poder de su pie bendito. En el que otro delantero hacía goles de rabona después de irse de juerga por la noche. En el que un fantasma no se cansaba nunca de hacer goles. Un club que nació del entusiasmo de sus dirigentes, quienes querían que representara a la ciudad. En el que sus hinchas repletaron vagones de tren para verlo ser campeón. En el que sus jugadores compusieron una cueca y guitarra en mano, la cantaban. Un club que tenía un curita como hincha que le pedía a Dios un triunfo en la misa del domingo y horas después estaba en la galería garabateando al árbitro ladrón. Un club en el que sus jugadores caminaban desde el estadio a las calles del centro de la ciudad. Un club donde debutó el Mejor Jugador de la Historia. En el que su utilero ayudó de niño a su papá y luego estuvo toda su vida en el camarín.

Érase una vez un club que fue orgullo de las poblaciones humildes de la ciudad. En el que un alcalde –que también fue presidente del club-, soñó con un estadio para la ciudad, encontró un terreno, publicó un aviso en el diario, compró todos los ejemplares, los quemó y cumplió su sueño. En el que el estadio fue construido por los habitantes de la ciudad y hasta por los presos. Un club que tenía un hincha que salió de su tumba para ir a alentarlo un domingo. Un club en que sus jugadores trabajaban en una fábrica de cemento. Un club que tenía un zurdo mágico al que llamaban Pelé y a otro que fue olímpico. Un club que estuvo en Tercera. Que tuvo un dirigente que no soportó un penal en contra y se infartó. Un club en que sus hinchas comían semillas de maravilla y saboreaban mote con huesillos en el estadio los domingos. Un club que tuvo una vez un Torpedo.

“Hoy ese club vive en las calles y los pasajes de las poblaciones bravas de la ciudad. En las paredes de cada rincón del pueblo. En el sueño de sus niños y de sus mujeres, en el recuerdo de sus abuelos, en la pasión de todos los caleranos y caleranas. Hoy ese club cumple 68 años. Unión La Calera es su historia”

Érase una vez un club que tenía un arquero que desviaba los penales con la vista. Un club que se fue de pretemporada a la Isla Grande y regresó con sus jugadores más gordos que nunca. Un club que escapó del infierno, donde estaba condenado, guiado por un entrenador valiente, y una noche épica de diciembre, se ganó el cielo desde el punto penal con las atajadas de un cordobés convertido en ídolo. Un club humilde. Un club pobre.

Érase una vez un club que un día peleó campeonatos. Un club que fue el primero en jugar copas internacionales. Un club que jugó en el Maracaná. Un club que jugó Copa Libertadores. Un club que tenía una insignia que era orgullo de su gente, hasta que se la arrebataron.

Entonces un día, ese club ya no tenía su sede en la ciudad. Sus jugadores no conocían J.J. Pérez ni Carrera. Nunca cruzaron el puente y se fueron a vivir a la playa. Jamás conocieron Sopraval o el cerro. Nunca se subieron a una Limequi o una Carolina del Valle. Un día se llevaron el club. Y de ese club solo quedó su gente, sus hinchas, el amor por sus colores y su emblema. Hoy ese club vive en las calles y los pasajes de las poblaciones bravas de la ciudad. En las paredes de cada rincón del pueblo. En el sueño de sus niños y de sus mujeres, en el recuerdo de sus abuelos, en la pasión de todos los caleranos y caleranas. Hoy ese club cumple 68 años. Unión La Calera es su historia. Unión La Calera es su gente. Hoy más que nunca.

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