La investigación permanece abierta mientras sus cercanos recuerdan a la TENS limachina y piden esclarecer responsabilidades.
LIMACHE.- “Hace tres meses, Marcela asistía feliz a su trabajo; lo que no sabía es que ese sería el último día de su vida”. Con esas palabras, Eliana Durán Oyarzún recuerda a su hermana, fallecida a los 51 años en el atropello ocurrido el pasado 21 de julio en el acceso a la Estación Viña del Mar.
Aquella mañana había comenzado como tantas otras. Marcela Durán Oyarzún viajaba habitualmente desde Limache hasta Viña del Mar para cumplir sus funciones como Técnico en Enfermería de Nivel Superior (TENS). Y terminada la jornada, emprendía el camino de regreso hasta la estación para tomar el tren que la llevaría nuevamente a casa.
Ese día alcanzó a despedirse de una compañera de trabajo con la naturalidad de quien espera volver a verla al día siguiente. En Limache, mientras tanto, su hijo la esperaba para tomar once. Sin embargo, Marcela nunca alcanzó a regresar.
Cuando descendía hacia la estación, dos vehículos colisionaron en el exterior y uno de ellos terminó proyectado hacia el acceso, atropellando a varias personas. Marcela falleció producto del accidente y, desde entonces, una rutina que se había repetido durante años quedó convertida en uno de los recuerdos más dolorosos para su familia. Han pasado tres meses y todavía cuesta asumir su ausencia.

Investigación en curso
La investigación judicial continúa abierta para determinar cómo ocurrió el accidente y establecer las responsabilidades. El conductor investigado por la maniobra que antecedió a la colisión fue formalizado por cuasidelito de homicidio. El tribunal decretó arraigo nacional y la suspensión de su licencia de conducir, además de fijar inicialmente un plazo de 120 días para la investigación.
Para Eliana y el resto de la familia, conocer lo sucedido y que se establezcan responsabilidades continúa siendo una necesidad. Pero detrás de la causa judicial hay también una historia que ellos quieren preservar: la de la mujer que existía antes de aquella tarde.
Marcela trabajó 15 años en el Instituto Médico Laennec, con un doctor broncopulmonar. Después estuvo en el Hospital La Paz de la Tarde y luego llegó a Vidavisión, en Viña del Mar. Ese fue su último trabajo.
Sus compañeros la recuerdan por su sonrisa, su cercanía con los pacientes y por llegar muchas veces con algo para compartir durante los turnos.
La preocupación por otros también aparecía fuera del trabajo. En sus momentos libres tejía gorros y cuellos que, a través de la Cruz Roja de Limache, llegaban a personas en situación de calle. Dentro de su propia familia había dedicado años al cuidado de sus padres, haciendo de esa disposición a acompañar una parte cotidiana de su vida.
Ahora son sus seres queridos quienes deben acostumbrarse a una ausencia que se manifiesta de distintas maneras. Está su hijo, que perdió a su madre; una madre que extraña a su hija y hermanos que todavía intentan comprender una muerte inesperada. Eliana habla de “seis familias destrozadas” al recordar las consecuencias que dejó el accidente, en referencia a las personas afectadas por el atropello y a sus respectivos círculos.
Tres meses después, la investigación sigue su curso, pero para quienes conocieron a Marcela el tiempo se mide de otra manera. Está en los recuerdos de sus compañeros, en aquello que hacía por otros y en la vida familiar que continuó sin ella.
Carta de la familia a tres meses de su fallecimiento
Hace tres meses, en una mañana como hoy, Marcela asistía feliz a su trabajo; lo que no sabía es que ese sería el último de su vida.
Como era frecuente, ella tomaba el tren en Limache, se bajaba en la estación Viña del Mar y se iba caminando a trabajar, ya que, de ese modo podía hacer un poco de ejercicio y en pocos minutos llegar a su destino. De la misma forma lo hacía al regresar; pero aquel día algo iba a suceder que cambiaría el destino de muchas personas.
“Chao amiga, nos vemos mañana”, le dijo a su compañera de trabajo con la que habia caminado al terminar la jornada, llegando hasta las cercanías de la estación Viña del Mar.
La tarde estaba fresca, había caído una llovizna, la gente se apresuraba para irse a sus casas y Marcela no era la excepción.
Su hijo la esperaba para tomar once, sin embargo, cuando ingresaba a la estación, dos vehículos conducidos por personas irresponsables ocasionaron una tragedia nunca vista en este país. Ambos transitaban por la calle Álvarez en sentido poniente a oriente.
Al acercarse a la estación el primero, un auto rojo, hace un viraje desde la primera pista hacia la plaza Sucre.
El segundo, un auto gris, también hace un viraje en la misma dirección pero desde la segunda pista, la cual no “permite” esa maniobra, pero sabemos que muchos no respetan e igual la efectúan. A consecuencia de ello, el auto gris impacta al auto rojo el sale en dirección hacia la entrada de la estación ingresando por la escala de acceso.
El caos es total pero dura apenas unos segundos para visualizar la magnitud del desastre: cuatro victimas con lesiones graves, dos con lesiones leves y Marcela fallecida. Que me disculpen las otras personas que también tienen nombre, pero no estoy autorizado a mencionarlas.
Resultado: un imputado por cuasidelito de homicidio, el conductor del auto gris.
Consecuencias: seis familias destrozadas.
¿Qué ha pasado hasta hoy? La investigación sigue en curso con un mes por delante para que se cumpla el plazo otorgado a la Fiscalía.
EFE está gestionando el seguro de responsabilidad civil que aplica en una situación como esta y la Municipalidad de Viña del Mar instaló grandes maceteros de cemento para “evitar” que algo similar vuelva a repetirse, ¡una gran medida!.
BCI seguros, administrador del SOAP, continúa pidiendo antecedentes, dilatando la situación.
Así la vida sigue su curso: “mamá te necesito”, dice su hijo; “hija, pronto me reuniré contigo”, dice su madre; “quiero morir aunque ya estoy muerto en vida”, dice su padre; “no descansaremos hasta que se haga justicia”, dicen sus hermanos; “amiga, te extrañamos y nunca te olvidaremos”.
Son las palabras que marcan las diferentes emociones que invaden a quienes compartieron y tuvieron la posibilidad de estar con Marcela.
21-octubre-2026.
