Doce antiguos funcionarios recorrieron con emoción las instalaciones donde trabajaron por décadas reviviendo recuerdos, anécdotas y el profundo vínculo que los une a un lugar que marcó sus vidas
La idea nació de manera casi casual: en conversaciones en la feria o en encuentros fugaces en el centro de la comuna: “¿Cómo estará la fábrica?”, se preguntaban. La inquietud no tardó en tomar forma. Llegó a oídos de Ricardo Jerez, Coordinador de Asuntos Comunitarios de la empresa, quien recogió ese anhelo y lo transformó en una realidad: organizar una visita, abrir nuevamente las puertas y permitir que el pasado y el presente se encontraran.
Doce hombres volvieron a cruzar ese umbral. Miraron con atención los cambios, los espacios que ya no funcionan, los rincones que el tiempo ha ido transformando. Pero hubo cosas que no cambiaron: las historias, las anécdotas, los lazos invisibles que siguen intactos.
Al finalizar el recorrido, el gerente general de Melón, Helmut Brandau, valoró profundamente la instancia. Destacó el interés de los ex trabajadores por volver a su antiguo lugar de trabajo, señalando que era la primera vez que se realizaba una visita de este tipo y dejando abierta la posibilidad de repetirla en el futuro.
Los trabajadores resumieron el encuentro de manera sencilla y honesta. Los movió el cariño y la necesidad de saber cómo estaba ese lugar que les dio tanto. El deseo de volver a caminar por esos espacios que recorrieron día tras día durante décadas. De reencontrarse, en el fondo, con una parte de sus propias vidas.
