La víctima reconstruyó el engaño paso a paso para advertir a otras personas, especialmente a los adultos mayores.
QUILLOTA.- “No sé en qué momento caí. Todavía me pregunto y me respondo yo misma: ‘no sé cómo’”. Con esa reflexión comienza el relato de una vecina de Quillota, de 70 años, quien decidió acudir hasta las oficinas de “El Observador” para contar el intento de estafa del que fue víctima el viernes 26 de junio al mediodía, mientras caminaba por el centro de la ciudad.
Según su testimonio, todo empezó cuando salió de una carnicería ubicada en Condell y se dirigía hacia Prat. En ese momento fue abordada por una mujer que aparentaba unos 65 años, de contextura gruesa, tez morena, rostro redondo, ojos achinados y labios gruesos. Vestía una falda larga negra, un jersey azul, llevaba el cabello tomado en un moño y hablaba con un marcado acento que la hizo pensar que era boliviana.

La desconocida le pidió ayuda porque, según dijo, había llegado desde Calama y buscaba la oficina de un abogado. Aseguró que no sabía leer ni escribir y que su patrón la había enviado hasta Quillota para realizar un trámite.
“La dirección correspondía realmente a un abogado que yo conocía, así que no desconfié”, recordó la mujer. Mientras conversaban apareció un segundo sujeto. Según su descripción, tendría de 35 a 40 años, era delgado, de tez clara, con el cabello rapado a los lados y crespo en la parte superior. Vestía una camisa blanca de manga larga, pantalón café claro, un chaleco sin mangas y llevaba un portadocumentos cruzado al hombro.
“Él apareció por mi espalda. Yo en ningún momento lo vi llegar”, señaló. El hombre se presentó como ingeniero constructor y dijo tener una empresa dedicada a la construcción de viviendas. Actuando con absoluta tranquilidad, comenzó a revisar un boleto de Loto que llevaba la mujer en sus manos. Fue entonces cuando comenzó el engaño.
El supuesto profesional afirmó que el boleto correspondía a los seis números ganadores del Loto y que el premio ascendía a cerca de $680 millones de pesos. Según explicó, la mujer desconocía el verdadero valor del documento y sólo quería recibir los $40 millones de pesos que, supuestamente, le había prometido su empleador por realizar el trámite.
La propuesta consistía en que ambos reunieran dinero para comprarle el boleto y luego repartirse el premio. Para hacer creíble la historia, el hombre abrió su portadocumentos y mostró varios fajos de billetes de $20.000. Incluso simuló realizar llamadas telefónicas relacionadas con el supuesto cobro del premio.

“Yo en ningún momento dudé porque el boleto era igual al verdadero. Después fui a la agencia y comprobé que tenía los mismos números ganadores; lo falso era el documento“, afirmó. Los tres caminaron hasta una sucursal bancaria. La mujer que decía ser la ganadora permaneció afuera y, antes de que la víctima ingresara, le pidió incluso que le entregara su teléfono celular.
“Yo pensé que, si se arrancaba con mi teléfono, saldría gritando”, comentó. Pero ya dentro del banco comenzó a desconfiar. “Le pedí a Dios que me iluminara y decidí sacar solamente 20 mil pesos”, relató. Al salir notó nuevos detalles que le parecieron extraños. El supuesto constructor se escondía detrás de un poste, pese a que había dicho que iría a buscar dinero a su oficina. Más tarde, ya en la Plaza Los Ceibos, volvió a exhibir los mismos fajos de billetes.
“Para mí eran puros billetes falsos”, sostuvo la adulta mayor. Fue entonces cuando decidió terminar con la conversación. Les dijo que no tenía más dinero y agregó que podía llamar a dos sobrinos que eran carabineros para que la acompañaran. “Ahí él me dijo: ‘Con usted no, porque usted está mintiendo’. Después desaparecieron los dos caminando hacia Condell”, explicó.
La entrevistada recordó además que durante la conversación ambos desconocidos le preguntaron dónde vivía y si se encontraba sola, situación que aumentó aún más su preocupación.
Posteriormente acudió a Carabineros para dejar constancia de lo ocurrido. Sin embargo, según señala, le explicaron que, al no haberse concretado la entrega de dinero, no era posible recibir una denuncia formal, aunque le comentaron que esta modalidad de engaño ya habría afectado a otras personas en Quillota. Por esa razón decidió hacer pública su experiencia.
“Lo hago para que la gente tenga cuidado. Uno piensa que nunca le va a pasar, pero estas personas están preparadas para convencerte. Afortunadamente no me quitaron dinero, pero perfectamente podría haber terminado de otra manera”, concluyó.